El origen de la red se remonta, según el relato policial, a Euskal Herriko Kontseilu Sozialista (EHKS), fundado en el País Vasco en 2023 como principal referente político del entramado. Uno de sus antecedentes es Gazte Koordinadora Sozialista (GKS), organización juvenil surgida a finales de la pasada década en el ámbito vasco y enfrentada políticamente a Bildu, cuya apuesta por una alternativa comunista ha servido de modelo para estructuras similares en otras comunidades.
En marzo de 2024 se constituyó la Coordinadora Juvenil Socialista (CJS), que se define como organización política juvenil, socialista y revolucionaria integrada en el Movimiento Socialista, con el objetivo declarado de organizar a la juventud trabajadora frente al capitalismo, el imperialismo y lo que denomina auge del fascismo. A ella se suman la Organització Juvenil Socialista (OJS) en Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares, una organización juvenil propia en Galicia, y el colectivo estudiantil Ikasle Antolakunde Sozialista (IAS) en el País Vasco, junto a Itaia, de orientación feminista socialista.
El estallido de la guerra entre Israel y Gaza ha actuado como catalizador del crecimiento de estas organizaciones, de acuerdo con abogados que han presentado denuncias contra alguna de ellas por presunto antisemitismo. El lema «Ni un respiro al sionismo», impulsado por la OJS, se extendió por colectivos estudiantiles y universitarios e incorporó la kufiya como elemento identitario en las movilizaciones, en paralelo al uso de pañuelos para cubrirse el rostro en algunos grupos.
El entramado se completa con sindicatos de vivienda, plataformas culturales y publicaciones propias, entre ellas Argilan en el País Vasco, vinculada a la asesoría social y la lucha contra la exclusión. La huelga de vivienda convocada para el 11 de noviembre figura como uno de los próximos escenarios en los que estas estructuras buscan ampliar su base y conectar las reivindicaciones sobre alquileres y condiciones de vida con su proyecto político.
El comisario García González, autor sobre ETA
El comisario de investigación retirado Luis Alberto García González, experto en terrorismo y autor del libro sobre ETA Memorias de perros y serpientes, sitúa el fenómeno en una lógica de infiltración en el malestar social aprovechando las redes sociales.
«Se está conformando una red antisistema cada vez mejor articulada, gracias a las redes sociales, que utiliza las protestas ciudadanas como método para infiltrarse en los colectivos y captar adeptos desencantados con el sistema actual», señala el comisario retirado Luis Alberto García González, experto en terrorismo.
La aparición de rostros cubiertos y actuación en bloque en concentraciones de La Coruña, Mahón y Zamora ha evocado la kale borroka, la violencia callejera vinculada históricamente al entorno de la izquierda abertzale y a ETA desde los años ochenta. La estética de ropa oscura y participación en grupo remite además a la táctica conocida como black bloc, empleada desde hace décadas por sectores anarquistas y anticapitalistas en protestas internacionales, como las de la cumbre del G-8 de Génova en 2001.
El guardia civil Josema Vallejo, vicepresidente de Una Policía para el S. XXI y experto en bandas, matiza que no se trata de una estructura cerrada. Su descripción de la táctica coincide con otras lecturas policiales recogidas sobre el movimiento antifa.
«Black bloc no se trata de una organización única, sino de una táctica de movilización que dificulta la identificación individual de los participantes», advierte Josema Vallejo, guardia civil y vicepresidente de Una Policía para el S. XXI.
Vallejo vincula a los sectores más violentos de estas movilizaciones con episodios de saqueo registrados en distintas ciudades. «Por primera vez tienen un ejército voluntario que en su psique está el 'me lo deben' y por eso roban», sostiene el experto en bandas, quien atribuye parte de estos comportamientos a jóvenes, algunos menores, que se suman a los disturbios al margen de cualquier adscripción ideológica estructurada. La huelga de vivienda del 11 de noviembre se perfila como la próxima prueba del alcance real de esta red.