Sabariego empezó a trabajar con 16 años en el salón de su madre y heredó el oficio de una tradición familiar: tanto su progenitora como su tía ejercieron la peluquería en Cabra. «No llegué a terminar bachillerato. Estuve dos meses. Mi madre fue al instituto y me dijo que recogiera la mochila que ella ya me había dado de baja», ha relatado sobre el momento en que decidió dedicarse por completo a la profesión.
Su formación lo llevó después fuera de Cabra. En Madrid cursó un máster de Alta Peluquería en Rizos Academy y en Londres otro en Vidal Sassoon, y colaboró con la firma L'Oréal y con peluqueros como Víctor del Valle y Rafael Maqueda. Llegó a trabajar junto a la diseñadora Juana Martín en la Fashion Week de París, una experiencia que, afirma, no considera incompatible con su actividad diaria en el pueblo cordobés.
«Al final eso es una cosa puntual. Mi estabilidad mental y mi pasión es mi salón, y además me gusta el trato diario con las clientas», ha afirmado Sabariego, que optó por regresar a Cabra y mantener el negocio familiar pese a su paso por circuitos internacionales de la moda.
La relación con Calvo y Millán se remonta, según el propio peluquero, a antes de que ambas alcanzaran sus actuales responsabilidades institucionales. «En el caso de Carmen Calvo yo diría que por lo menos 15 años. Y en el caso de Pepa Millán también muchos, tanto ella como su madre son clientas del salón», ha detallado, subrayando que se trata de un vínculo que atraviesa generaciones dentro de la misma familia.
Calvo preside el Consejo de Estado, máximo órgano consultivo del Gobierno, tras haber sido vicepresidenta en la anterior legislatura socialista. Millán ejerce como portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados, formación de signo contrario al que Calvo ha defendido a lo largo de su carrera. Pese a esa distancia ideológica, el peluquero sostiene que el salón funciona como un espacio ajeno a la confrontación política.
Preguntado por la personalidad de ambas, Sabariego ha ofrecido una valoración breve: «Carmen Calvo es una persona muy inteligente y Pepa Millán es una persona muy carismática». Sobre sus preferencias estéticas, ha señalado que «a las dos les gusta verse muy naturales», una inclinación que atribuye tanto a la comodidad que sienten en el salón como a su propio estilo de trabajo.
El salón que hoy regenta perteneció antes a su madre, y su reputación en la localidad se ha construido durante décadas gracias a esa continuidad generacional. La coincidencia de dos figuras políticas tan distantes entre sus clientas habituales es, según el propio protagonista, una muestra de que el oficio puede mantenerse al margen de las divisiones que marcan la actualidad política nacional.