Los agentes acudieron para garantizar la seguridad de los jueces que se encontraban en el edificio mientras frente a él se desarrollaba una protesta contra la medida, según la información publicada sobre el suceso. El episodio, registrado el viernes por la noche, no derivó en incidentes de mayor gravedad ni en detenciones conocidas vinculadas a la concentración.
El choque se suma a una década de enfrentamiento entre el bloque liberal, hoy en el Gobierno polaco, y el ultraconservador, en la oposición, por el control del Tribunal Constitucional. La institución, encargada de velar por la conformidad de las leyes con la Constitución polaca de 1997, se ha convertido en los últimos años en el terreno donde se dirime buena parte del pulso entre ambos bandos, con sucesivos nombramientos y recusaciones de jueces impugnados por una y otra parte.
Swieczkowski y Sochanski fueron designados en la etapa de predominio ultraconservador en el órgano. Los términos exactos y el origen procesal de su suspensión no han trascendido con precisión. La medida fue contestada por sectores próximos a ambos magistrados, que convocaron la protesta frente a la sede la noche del viernes.
La crisis coincidió con un movimiento inusual del presidente de la República, que este jueves emprendió el regreso a Polonia en pleno vuelo con destino a Senegal al conocer la situación en torno al tribunal. El jefe del Estado polaco tiene entre sus competencias la de tomar juramento a los jueces constitucionales y participa en los procesos de nombramiento, de ahí su implicación directa ante un conflicto que afecta a la cúpula del órgano.
El Gobierno liberal mantiene desde su llegada al poder una disputa abierta con la configuración del tribunal heredada de la etapa ultraconservadora, a la que acusa de haber situado en el órgano a jueces nombrados de forma irregular. La oposición ultraconservadora, por su parte, defiende la legitimidad de esos nombramientos y denuncia lo que considera un intento de intervención política sobre la justicia constitucional.
El enfrentamiento se remonta a 2015, cuando el partido ultraconservador Ley y Justicia llegó al poder y emprendió una reforma del Tribunal Constitucional que la Comisión Europea cuestionó por su compatibilidad con el Estado de derecho. Aquel pulso derivó en años de bloqueo institucional, con jueces nombrados por ambos bandos disputándose la legitimidad del órgano, y enlaza directamente con la crisis actual.
El choque polaco entre poder político y justicia tiene reflejo en los recelos que atraviesan también otros sistemas europeos; en España, el Supremo reprochó recientemente al ministro Bolaños sus críticas al juez Peinado por entender que excedían los límites de la crítica admisible al poder judicial.
La situación permanecía el viernes por la noche sin resolución, con el presidente de la República de regreso al país y la sede del Tribunal Constitucional bajo vigilancia policial tras la protesta registrada junto al edificio.