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La Guardia Civil apunta a un accidente en la muerte del matrimonio irlandés en Cullera

La investigación por las dos muertes en un jacuzzi de una villa de lujo descarta el homicidio y examina un posible fallo del sistema de succión del hidromasaje

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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La Guardia Civil investiga como una posible cadena de accidentes, y ya no como un doble crimen, la muerte de Thomasina y Patrick Tobin, un matrimonio irlandés hallado sin vida el pasado martes en el jacuzzi de una villa de lujo en la urbanización Cap Blanc, en Cullera (Valencia). Los cuerpos fueron descubiertos por sus dos hijos adolescentes, con necesidades especiales, que se alojaban en otra parte del chalé.

El hallazgo se produjo cuando los dos menores, al no obtener respuesta de sus padres, avisaron al propietario de la vivienda, quien alertó de inmediato a los servicios de emergencia y a la Guardia Civil. La urbanización Cap Blanc, uno de los enclaves residenciales más exclusivos de la localidad costera valenciana, es un destino habitual de turistas extranjeros que buscan villas de alto standing con piscina y jacuzzi privados.

La investigación recayó en un primer momento en el equipo de Homicidios de la Guardia Civil, que trabajó con la hipótesis de un posible doble homicidio con intervención de terceras personas. Esa línea se abrió al detectarse en los cuerpos heridas de tipo punzante que, en una primera valoración, resultaban compatibles con una agresión. El caso ha pasado ya a manos de la Policía Judicial de la Guardia Civil de Almussafes, encargada de las diligencias a partir de ahora.

El giro llegó tras conocerse los resultados de la autopsia preliminar practicada a ambas víctimas, que descartó indicios claros de agresión y desplazó el foco hacia un posible fallo mecánico del sistema de hidromasaje. Los investigadores sospechan que las marcas que en un primer momento se interpretaron como heridas punzantes podrían ser consecuencia de la fuerza de succión de los conductos de aspiración del jacuzzi.

La hipótesis que ahora se examina con mayor intensidad, según recogen Levante-EMV y Las Provincias, plantea que Patrick Tobin, de 48 años, pudo quedar atrapado bajo el agua por la potencia de aspiración de uno de los conductos del hidromasaje, sin poder liberarse por sus propios medios. Thomasina, de 51 años, habría intentado entonces auxiliar a su marido, lo que habría generado una segunda situación de riesgo que terminó también con su vida. La Guardia Civil trata de reconstruir con precisión la secuencia de minutos que desembocó en el desenlace.

Tres inspecciones y un perito industrial

Para verificar esta hipótesis, los agentes han realizado ya hasta tres inspecciones técnicas de la bañera, la última de ellas este sábado y en compañía de un perito industrial encargado de cerciorarse de posibles fallos en la succión y en los mecanismos de seguridad. El objetivo es determinar si existió algún defecto que impidiera que los dispositivos de protección evitaran el atrapamiento de un cuerpo humano en los conductos de aspiración.

El riesgo de atrapamiento por succión no es una hipótesis abstracta en la industria del ocio acuático. Fue precisamente la muerte de una menor por aspiración en el desagüe de una piscina en Estados Unidos lo que impulsó en 2007 la Virginia Graham Baker Act, que obligó a instalar rejillas y sistemas antiatrapamiento en piscinas y spas. En la Unión Europea, las normas armonizadas sobre equipos de hidromasaje y piscinas exigen desde hace años cubiertas de seguridad y mecanismos de corte que reduzcan la fuerza de succión ante una obstrucción, precisamente para prevenir episodios como el que ahora se investiga.

La investigación no ha cerrado otras vías. Los agentes tomaron muestras del agua del jacuzzi y esperan los resultados de los exámenes toxicológicos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, con sede en Barcelona, para descartar o confirmar la posible ingesta de alguna sustancia por parte de los fallecidos que hubiera podido influir en lo ocurrido. Tampoco se descarta por completo una descarga eléctrica derivada de un fallo en la instalación.

El doble fallecimiento ha causado una fuerte conmoción en Irlanda, donde ha ocupado espacio destacado en la agenda informativa nacional. Thomasina Tobin pertenecía a una familia conocida en Castleblayney, localidad del condado de Monaghan, vinculada al mundo de la cultura y al fútbol gaélico. Su padre, Tommy McArdle, es dramaturgo, actor y productor con una larga trayectoria en la televisión y el teatro irlandeses.

Graduada en el Trinity College de Dublín, Thomasina Tobin había desarrollado su carrera como 'chartered quantity surveyor', una figura de consultoría técnica en grandes proyectos de construcción, y trabajaba en Londres desde hacía dos décadas. Entre los proyectos en los que participó figuran los hoteles The Ritz y The Shangri-La, este último ubicado en el rascacielos The Shard. De su marido, Patrick Tobin, nacido en Nueva Zelanda, ha trascendido menos información pública.

El matrimonio residía en Londres desde hacía años y, según las primeras informaciones, se encontraba de estancia vacacional en la villa de Cullera en el momento de los hechos. Los dos hijos menores que hallaron los cuerpos, ambos con necesidades especiales, quedan bajo la atención de familiares, mientras las autoridades españolas mantienen los cauces habituales con la representación consular irlandesa para los trámites derivados de las muertes en el extranjero.

En el marco procesal español, la instrucción de un fallecimiento en circunstancias no aclaradas corresponde al juzgado de instrucción del partido judicial, que dirige las diligencias practicadas por la Guardia Civil conforme a la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Solo si las pericias apuntaran a la responsabilidad de un tercero —por ejemplo, por defectos en la instalación o falta de mantenimiento del equipo— podría abrirse una línea contra persona determinada; por el momento, al haberse descartado la intervención de terceros que motivó las primeras diligencias, no consta ninguna persona investigada.

La Guardia Civil no ha fijado un plazo cerrado para concluir las diligencias, que dependen en gran medida de los informes pericial sobre el jacuzzi y toxicológico sobre las muestras de agua y las propias víctimas. Hasta que no se disponga de esas conclusiones, la instrucción seguirá abierta ante el juzgado competente, que deberá decidir a la vista de los resultados si el caso se archiva como muerte accidental o si se depuran eventuales responsabilidades.

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