La concentración en la Bastilla comenzó con ambiente festivo. Los manifestantes combinaron proclamas como «Macron, dimisión» o «Seamos todos antifascistas» con cánticos de La Marsellesa, en una plaza convertida en epicentro estático de la protesta parisina. La tensión escaló a partir de las cuatro de la tarde, cuando los antidisturbios cerraron los accesos y comenzaron los lanzamientos de gases lacrimógenos y chorros de agua. Algunos encapuchados respondieron con adoquines y fuegos artificiales.
Las fuerzas de seguridad han detenido a unas 7.000 personas desde el inicio de las movilizaciones, la mayoría menores de edad, con 504 arrestos solo este jueves. Unicef pidió esta tarde a las autoridades francesas que respeten el derecho de los menores a manifestarse y que impulsen «una desescalada en la violencia», en un contexto marcado por los disturbios de la semana anterior, especialmente intensos el 1 y el 2 de octubre.
La violencia urbana, aunque en descenso esta semana, no ha desaparecido. Unos 30 encapuchados saquearon este jueves un instituto en la periferia de Burdeos, donde robaron una decena de ordenadores y provocaron destrozos y un incendio. En Marsella, un director adjunto que intentaba apagar con un extintor unos contenedores en llamas fue derribado y agredido por un grupo de jóvenes cuando ya estaba en el suelo.
La portavoz de Union étudiante, Sabrine Kharbach, fijó desde las escaleras de la Ópera de la Bastilla la condición para levantar las protestas.
«Mientras el Gobierno no ponga sobre la mesa 10.000 millones de euros, no pararemos las protestas», advirtió Sabrine Kharbach, portavoz de Union étudiante, quien precisó que «el 90% de las universidades están bloqueadas».
El movimiento, iniciado por alumnos de secundaria, incorpora cada vez más a estudiantes universitarios, según constató la propia Kharbach. Sindicatos de estudiantes y de profesores han convocado nuevas manifestaciones para el 13 de octubre. La jornada se produjo después del discurso pronunciado el miércoles por el primer ministro, Sébastien Lecornu, su primera intervención televisada desde el estallido de la crisis: mostró un tono comprensivo hacia los estudiantes, pero no anunció medidas concretas. El ministro de Educación, Édouard Geffray, que se reunió esa misma tarde con representantes estudiantiles, sí anunció la designación de 3.000 nuevos profesores para los centros con falta de docentes.
Universidades prestigiosas se suman al bloqueo
Este jueves, 224 de los 3.700 institutos franceses permanecían cerrados por orden de las autoridades, que prohibieron manifestarse frente a ellos. Geffray subrayó que «el 96% de los establecimientos están abiertos esta tarde», mientras la Union syndicale lycéenne reivindicó que «2.000 liceos siguen paralizados», en una disputa de cifras que refleja el pulso entre Gobierno y estudiantes.
Más allá de ese contraste, la jornada confirmó una presencia creciente de universitarios en las calles de París, incluso en centros habitualmente al margen de este tipo de movilizaciones, como Sciences Po Paris o Panthéon-Assas. El Instituto Católico de París, visitado por el papa León XIV el 26 de septiembre, cerró sus puertas por primera vez en su historia reciente debido a un piquete en la entrada. Rosa, estudiante de Historia de 18 años en ese centro, resumió la razón del cierre: «Nos solidarizamos con los bachilleres que han sido reprimidos por la Policía y que no pueden estudiar en condiciones dignas».
Anne Sarah, también de 18 años y participante en el bloqueo, denunció las condiciones que vivió el curso pasado en un instituto de un barrio popular, donde su clase, de 35 alumnos, pasó cuatro meses sin profesor de Historia y Geografía. Amalia, de 19 años y estudiante de cine, defendió que el movimiento no decae: «No creo que el movimiento pierda fuelle. Hay muchas otras protestas previstas». Mélanie S., de 24 años y estudiante de Derecho, confió en que «cada vez más sectores de la población se sumen a las reivindicaciones de los estudiantes».
Muchos jóvenes miran ya al 17 de octubre, fecha que surgió en septiembre en redes sociales como convocatoria contra el precio de la gasolina y que va ganando peso como posible nueva jornada de protestas para el Gobierno de Lecornu.


