El procedimiento, según las pesquisas, era metódico: facturaban equipaje en vuelos nacionales de bajo coste y utilizaban a menores de edad para retirarlo de la cinta y sacarlo del aeropuerto sin llamar la atención. Acto seguido presentaban ante la compañía aérea una reclamación por pérdida de equipaje, con la que cobraban una media de 1.800 euros por maleta.
El grupo, formado íntegramente por ciudadanos españoles con antecedentes previos por robo y daños, repitió el mismo esquema durante cinco meses sin variar el método. Ese patrón fue precisamente lo que permitió a los investigadores tirar del hilo hasta identificar a toda la red.
El error que destapó la trama fue de manual: los reclamantes utilizaron sistemáticamente el mismo número de teléfono y la misma dirección de correo electrónico en las decenas de reclamaciones cursadas ante distintas aerolíneas. Esa reiteración alertó a las compañías y motivó que la Guardia Civil abriera la investigación en mayo, cuyo desarrollo condujo a los agentes hasta el domicilio de los investigados, vecinos del barrio madrileño de Villaverde, donde se concentraba buena parte del núcleo familiar señalado. Los detenidos e investigados han pasado ya a disposición judicial.
La mecánica descrita encajaría en la figura de estafa continuada que recoge el Código Penal, aplicable cuando una misma persona o grupo comete una pluralidad de acciones que infringen el mismo precepto en ejecución de un plan preconcebido. La cuantía total reclamada —90.000 euros en 71 hechos— y la reiteración del engaño durante cinco meses sostienen esa calificación, que agrava la pena en función del perjuicio económico causado a las aerolíneas.
Otra cara del problema de los equipajes en Barajas
El episodio se suma a otros casos de sustracción de maletas registrados en el propio aeropuerto, escenario en los últimos meses de robos a viajeros por parte de bandas organizadas. Uno de los más sonados afectó al rapero Zion, a quien dos hombres sustrajeron en la terminal T4 una mochila con dinero en efectivo y artículos de lujo valorados en cerca de 2,4 millones de dólares mientras esperaba para embarcar en un vuelo internacional.
En aquel caso, agentes de paisano de la Policía Nacional lograron interceptar a los ladrones antes de que abandonaran las instalaciones y recuperaron la totalidad de los efectos sustraídos. Ambos episodios, de naturaleza distinta —uno mediante sustracción física y otro mediante fraude a las aerolíneas—, ilustran la exposición del principal aeropuerto español a distintas modalidades delictivas vinculadas al tráfico de pasajeros y equipajes.
El uso de menores para retirar el equipaje remite a un rasgo habitual en la delincuencia organizada, que emplea a inimputables por edad para reducir el riesgo penal de los adultos. La casuística de Barajas y otros grandes aeropuertos españoles ha alimentado durante años operaciones periódicas de la Guardia Civil y la Policía Nacional contra bandas dedicadas al equipaje ajeno, un fenómeno que también han abordado tribunales como el Supremo en litigios recientes del sector, según recogió El Hemiciclo al informar de que Élite Taxi llevó a Free Now al Supremo por competencia desleal.
La investigación sobre la trama de las maletas falsamente extraviadas continúa abierta sobre los hechos ocurridos entre mayo y septiembre, con los 22 investigados ya a disposición judicial y la mayoría de ellos con antecedentes penales previos.