La ejecución está fijada para las ocho de la tarde en horario peninsular español, en la misma base de Fort Hood, en Texas, donde Hasan cometió el ataque. El psiquiatra militar de origen palestino-estadounidense abrió fuego el 5 de noviembre de 2009 contra soldados desarmados en un centro de procesamiento de la instalación, mientras gritaba «Alá Akbar». Mató a 13 personas e hirió a otras 32, en uno de los atentados más mortíferos cometidos dentro de una base militar estadounidense.
Un tribunal militar lo declaró culpable en 2013 de 13 cargos de homicidio premeditado y 32 de intento de asesinato. El jurado, integrado por oficiales, recomendó por unanimidad la pena capital. Hasan, que quedó parapléjico tras ser abatido por la policía militar durante el tiroteo, reconoció su autoría y la justificó como una «defensa de los musulmanes frente a las tropas estadounidenses en Afganistán».
Durante más de quince años, la sentencia permaneció en suspenso debido a los complejos procedimientos de apelación del sistema de justicia militar estadounidense, que contempla varias instancias de revisión antes de que una pena de muerte pueda ejecutarse. Ese prolongado trámite explica que el fusilamiento, dictaminado en 2013, no se haya materializado hasta ahora.
La última ejecución militar en Estados Unidos se remonta a 1961, cuando el soldado John Bennett fue ahorcado en la prisión militar de Fort Leavenworth, en Kansas. Desde entonces ningún miembro de las Fuerzas Armadas condenado a muerte por un tribunal castrense ha sido ejecutado, pese a que varios reos permanecen en el corredor de la muerte militar.
Hegseth defendió la decisión en declaraciones al programa del influencer conservador Jack Posobiec, donde afirmó que Hasan «se enfrentará a un pelotón de fusilamiento, como debe ser», y que se garantizaría el acceso público a la ejecución porque, según dijo, «hay que entender que existen consecuencias serias para este tipo de actos».
«No me importa. Lo veremos el 3 de diciembre», respondió Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos, al ser preguntado por posibles peticiones finales del condenado.
Funcionarios del Pentágono precisaron después que la ejecución se retransmitirá en vivo, aunque los detalles técnicos sobre la plataforma y el formato de la emisión no se han concretado. La elección del fusilamiento como método, en lugar de la inyección letal habitual en el sistema penal estadounidense, y su difusión pública suponen un giro respecto al tratamiento que suelen recibir las ejecuciones en el país, alejadas por norma del escrutinio mediático directo.
