Tanto el convoy AVE como el Iryo que acabó colisionando recibieron de Atocha la orden de reanudar la marcha a velocidad normal, pese a que el sistema de seguridad LZB había señalado una avería. El maquinista que corrigió esa indicación conducía un tercer tren Iryo que partió de Puertollano (Ciudad Real) a las 8.38 horas con destino Madrid y que no se vio implicado en el choque.
A las 8.39 contactó con la sala de control para informar de que su tren estaba detenido, sin obtener respuesta del Centro de Regulación de Circulación (CRC). A las 8.42 insistió por el teléfono corporativo con el puesto de mando de Atocha: «Ahora me llaman», anotó en su relato. Dos minutos después recibió la llamada del centro de control.
La autorización que le transmitieron fue «a continuar la marcha al amparo del BSL con marcha normal». El maquinista respondió que lo procedente era circular con marcha a la vista «hasta la señal de entrada de Calatrava», apoyándose en su conocimiento del protocolo ante ese tipo de avería del sistema LZB, que se activa cuando falla la transmisión de datos y la velocidad meta marca 000 km/h.
«Tengo perfectamente interiorizado que cuando el sistema da este fallo es porque me está indicando que en la parte del trayecto que hay entre donde yo me encuentro con mi tren y la señal de entrada de la estación siguiente, Calatrava en este caso, hay algún tren ocupando el cantón», explicó el trabajador en su reporte interno.
Desde Atocha se le dio la razón. Según los documentos que publica El Mundo, el centro de control le pidió disculpas y modificó el texto del telefonema para autorizarle a «continuar la marcha al amparo del BSL con marcha a la vista hasta la señal de entrada E97 de Calatrava». El propio maquinista atribuyó su reacción a la formación recibida: «Fui consciente al ver el fallo del sistema de que había un tren ocupando el cantón».
El ministro de Transportes, Óscar Puente, reconoció el mismo día del accidente que un maquinista ajeno al choque había advertido al centro de control de que no procedía reanudar la circulación con normalidad. Puente compareció después ante un Congreso que le exigió explicaciones adicionales sobre la tragedia de Urda y en el que se reclamó su dimisión.
El contraste entre la respuesta de este maquinista, que detectó la irregularidad y forzó la corrección del telefonema, y la orden inicial que recibieron los dos trenes implicados en la colisión es uno de los puntos centrales de la reconstrucción de lo ocurrido esa mañana. Los documentos internos que publica El Mundo no precisan si existió algún procedimiento adicional de verificación antes de emitir las órdenes a los convoyes accidentados.
