Colaboradores del presidente califican de "tóxico y nocivo" que Puente agite el relevo en el liderazgo del PSOE y del Gobierno sin que Sánchez lo haya abierto. Esas mismas fuentes resumen su inquietud en una frase: la irrupción del debate da "la sensación de que el presidente está agotado", según recogen los círculos próximos a Moncloa.
Lo que genera mayor malestar es la ambigüedad sobre si el ministro actuó de forma deliberada o involuntaria. Los colaboradores del presidente interpretan el episodio como un síntoma de fragilidad interna más que como una maniobra coordinada, en un momento en que el Ejecutivo necesita proyectar cohesión y no solo por la crisis de Ceuta.
El malestar se produce mientras Moncloa gestiona la llegada de migrantes a la ciudad autónoma y prepara la intervención de Sánchez ante la Asamblea General de Naciones Unidas, donde el presidente defenderá su gestión de la crisis migratoria. La conversación sobre el relevo se suma así a un frente que el propio presidente no ha buscado abrir.
La gestión de Ceuta ha sido objeto de escrutinio por la oposición y por sectores institucionales. El Ministerio de Defensa ha defendido públicamente una estrategia basada en la disuasión, con la que sostiene que España tiene cartas suficientes frente a Rabat. A esa línea se ha sumado la controversia por los desplazamientos del presidente durante el pico de la crisis, después de que trascendiera que Sánchez pasó 23 días en La Mareta, un dato que la oposición ha empleado para cuestionar la prioridad otorgada al asunto.
Los debates sobre sucesión en el liderazgo socialista no son inéditos. Felipe González anunció en junio de 1997, en el 34º Congreso Federal del PSOE, que no se presentaría a la reelección como secretario general tras la derrota electoral de 1996, poniendo fin a más de dos décadas al frente del partido.
El malestar trasladado por estas fuentes se resume en la percepción de que la conversación transmite desgaste antes de que el Gobierno haya fijado una posición oficial. La secretaría general del PSOE se dirime en un Congreso Federal, órgano que elige al líder y que Sánchez conserva desde su reelección en el 40º cónclave de 2021.

