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Las protestas por la vivienda en Lisboa reviven el lema de la Revolución de Abril

Un cartel en la plaza del Rossio lo resume: «Repetimos abril se for preciso», en alusión a la revolución de los claveles de 1974.

Por Redacción de El Hemiciclo·
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Miles de personas han salido a las calles de Lisboa para protestar contra la carestía de la vivienda y el elevado coste de la vida, en manifestaciones que evocan abiertamente la memoria de la Revolución de los Claveles de 1974. En la plaza del Rossio, junto a la estatua del rey Pedro IV, convertida en epicentro de las concentraciones, los manifestantes han colgado carteles con reivindicaciones sobre alquileres y acceso a la vivienda.

Entre esos carteles destaca uno que no necesita traducción para entenderse en clave histórica: "Repetimos abril se for preciso". La frase remite a la revolución militar y popular que, el 25 de abril de 1974, puso fin a 48 años de dictadura en Portugal con un levantamiento prácticamente incruento conocido como la Revolución de los Claveles, por las flores que los ciudadanos colocaron en los cañones de los fusiles de los soldados sublevados.

Medio siglo después, ese simbolismo se ha trasladado a una protesta de naturaleza muy distinta: la que denuncia que una parte creciente de la población portuguesa, especialmente joven, no puede permitirse pagar un alquiler ni acceder a una vivienda en propiedad en ciudades como Lisboa u Oporto, donde los precios se han encarecido con fuerza en la última década impulsados en parte por el turismo y la inversión extranjera.

"Repetimos abril se for preciso", reza uno de los carteles colgados junto a la estatua del rey Pedro IV en la plaza del Rossio de Lisboa.

La plaza del Rossio, en pleno centro histórico de Lisboa, se ha convertido en el punto de referencia de las movilizaciones. Es un espacio cargado de memoria política, en el que confluyen avenidas que durante décadas han sido escenario de manifestaciones y celebraciones, desde el fin de la dictadura. Que los manifestantes hayan elegido ese lugar para colgar sus carteles no es casual, sino una forma deliberada de inscribir la crisis de la vivienda en el relato de las grandes gestas democráticas del país.

El paralelismo con 1974 tiene, sin embargo, límites evidentes. Aquella revolución derrocó el Estado Novo heredado de António de Oliveira Salazar mediante un golpe militar respaldado por una movilización popular masiva. Las protestas actuales se producen dentro de un sistema democrático consolidado y tienen como objetivo no un cambio de régimen, sino una reorientación de las políticas de vivienda del Gobierno portugués.

Portugal no es un caso aislado dentro de Europa. La escalada de los precios del alquiler y de la compra de vivienda ha generado movilizaciones similares en los últimos años en ciudades como Berlín, Barcelona o Ámsterdam, donde los colectivos vecinales han señalado de forma recurrente la combinación de turismo masivo, alquiler de corta duración y escasez de oferta pública como factores que expulsan a la población local de los centros urbanos.

El uso del lema revolucionario conecta con una tradición portuguesa de apelar al 25 de abril como referencia moral y política en momentos de tensión social, invocada tanto por movimientos de izquierda como por sindicatos en distintas coyunturas de las últimas décadas, aunque rara vez con la intensidad simbólica que adquiere ahora en el contexto de la vivienda.

La reivindicación que recorre las protestas lisboetas coincide en el tiempo con otras tensiones que atraviesan Europa, desde la respuesta de los Gobiernos ante los flujos migratorios hasta la gestión de crisis institucionales, como la que vive estos días Polonia tras la suspensión de su cúpula del Tribunal Constitucional, aunque en el caso portugués el detonante sea estrictamente social y económico.

Las imágenes de carteles de pisos en venta y en alquiler en zonas turísticas del centro de Lisboa, que durante los últimos años han ilustrado el encarecimiento del mercado inmobiliario, se han convertido en un símbolo de la transformación de barrios históricos antes habitados por vecinos de toda la vida y hoy orientados a visitantes extranjeros y rentas elevadas.

Fuentes

  1. El Paíselpais.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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