La víctima mortal fue identificada como Steven Bala, de 36 años, mientras que el herido es el pastor Apollos Charly, propietario de la finca donde se produjo el asalto, según el relato de un representante juvenil de la comunidad. Los hombres armados sorprendieron a los trabajadores durante la jornada en el campo; Bala murió en la agresión y Charly logró escapar con heridas de consideración.
Un representante comunitario identificado como Nehemiah atribuyó el ataque a integrantes de milicias fulani que, según su versión, llevan semanas sembrando el temor en distintas localidades del distrito de Pushit. Afirmó que los asesinatos y asaltos se han sucedido en la zona hasta el punto de que los agricultores temen acudir a sus propias explotaciones.
La violencia golpea la actividad agrícola en un momento especialmente delicado del calendario, coincidiendo con la temporada de recolección. Según el portavoz local, los ataques están impidiendo el trabajo en los campos y amenazan el sustento de numerosas familias que dependen de las cosechas.
Otro dirigente comunitario, John Sabo, condenó la agresión y reclamó una mayor presencia de las fuerzas de seguridad nigerianas para proteger a los habitantes de la zona. Sabo pidió además que se investigue el ataque, se identifique a los responsables y se les lleve ante la Justicia.
El estado de Plateau, situado en el llamado cinturón central nigeriano, arrastra desde hace años enfrentamientos recurrentes entre comunidades agrícolas, mayoritariamente cristianas, y pastores ganaderos de etnia fulani, mayoritariamente musulmanes, por el acceso a la tierra y el agua. A esa disputa estructural se suma la presencia de milicias armadas que operan al margen de cualquier control estatal, lo que ha convertido la región en una de las más violentas del país fuera de las zonas de influencia de Boko Haram en el noreste.
La zona central de Nigeria vivió uno de sus episodios más graves en 2018, cuando los choques entre agricultores y ganaderos en Plateau dejaron centenares de muertos en pocos días, según recogieron entonces las organizaciones humanitarias. Desde la Transición del país al gobierno civil en 1999, el cinturón central ha sido escenario recurrente de matanzas ligadas a la tierra, el agua y la identidad religiosa.
La inseguridad ha provocado desplazamientos de población, pérdidas de vidas humanas y crecientes dificultades para acceder a las tierras de cultivo en varios estados del centro del país. El episodio de Lamor se suma a una larga sucesión de agresiones contra comunidades rurales de la región, castigada de forma simultánea por los choques entre agricultores y ganaderos y por la actividad de grupos armados que operan en zonas con escasa presencia policial o militar.