El origen del balneario se remonta al manantial conocido como Guesalaga, cuyas propiedades motivaron la construcción de las primeras instalaciones de baños a comienzos del siglo XIX. Según la información turística difundida por el Gobierno Vasco, el reconocimiento oficial de utilidad pública de esas aguas a finales del siglo XVIII resultó determinante para el despegue del complejo guipuzcoano, situado en Cestona, dentro de la provincia de Guipúzcoa.
El crecimiento del establecimiento tuvo un hito arquitectónico en 1893, con la inauguración del Gran Hotel, que amplió las instalaciones originales. De aquella expansión se conservan hoy espacios como el Gran Comedor, el Salón de Caza, el Salón Árabe y el Salón Teatro, testigos de una época en la que el balneario se convirtió en punto de encuentro de visitantes llegados de distintos puntos de Europa.
Durante la Belle Époque, Cestona recibió a miembros de la aristocracia continental que buscaban en sus aguas un lugar de descanso alejado de las grandes capitales. Aquel flujo de visitantes contribuyó al desarrollo turístico del municipio y a su proyección más allá de las fronteras provinciales, en una dinámica que también vivieron otros balnearios históricos del norte peninsular durante los siglos XIX y XX.
Las inundaciones de 1983 supusieron un punto de inflexión para el complejo, que sufrió daños de consideración y hubo de acometer una renovación de instalaciones y servicios para poder mantener su actividad termal en las décadas siguientes.
En la actualidad, el establecimiento combina alojamiento, restauración y servicios termales explotando las aguas de los manantiales de San Ignacio y de Nuestra Señora de la Natividad. Según la información publicada por Relais Termal, la empresa que gestiona el complejo, la oferta incluye piscinas termales, hidromasajes, duchas de distintas modalidades, saunas y masajes manuales, orientados al descanso y al bienestar de los huéspedes.
La ubicación del balneario, a poca distancia de localidades costeras como Zumaya y Zarauz y a unos 35 kilómetros de San Sebastián —aproximadamente media hora en coche—, permite combinar la estancia termal con visitas a la capital guipuzcoana y a las playas de la costa vasca.
El caso de Cestona se suma a otros ejemplos de patrimonio local reconocidos recientemente en distintos puntos de España, como el del municipio mallorquín que recibió el premio al Pueblo Más Internacional de España en su asamblea de 2026, en una línea de puesta en valor de localidades con trayectoria singular dentro del mapa turístico nacional.
Más de dos siglos después de su apertura, el Balneario de Cestona continúa operando como destino termal, sosteniendo una tradición que arrancó con el reconocimiento de utilidad pública de sus aguas a finales del siglo XVIII y que atravesó inundaciones y cambios de época sin perder su actividad.