El dato relevante no es el precio del envase, sino el del litro, la única cifra que permite comparar entre cadenas y formatos. Dos garrafas de idéntico tamaño pueden parecer equivalentes en el folleto y no serlo: una a 22,35 euros y otra a 24,50 euros dejan el litro a 4,47 y a 4,90 euros respectivamente, una diferencia de 2,15 euros por garrafa que rara vez aparece destacada en la estantería con el mismo tamaño de letra que el precio total.
El aceite de oliva virgen extra regresa así a niveles que no se veían desde antes de la escalada de precios que siguió a la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando el encarecimiento de la energía y los fertilizantes coincidió con malas cosechas en las zonas productoras y disparó el litro hasta cifras que apartaron la garrafa grande del carro de la compra en buena parte de los hogares. El lineal, con todo, sigue por encima de los precios previos a aquella crisis.
La garrafa como arma comercial
La estrategia de Carrefour tiene una lógica de negocio clara: la garrafa de cinco litros es el formato que fideliza, porque quien la compra no vuelve al lineal del aceite en varias semanas. En plena campaña navideña, ese ticket elevado compensa el margen ajustado que deja el litro y funciona como reclamo de tráfico hacia la compra online, un terreno en el que Alcampo e Hipercor compiten con el mismo tipo de envase grande.
La guerra de precios del aceite no es un fenómeno nuevo. Durante los años más duros de la crisis del sector, varias cadenas llegaron a limitar las unidades por cliente para frenar el acaparamiento ante el temor a la escasez. El escenario actual es distinto, con la producción acompañando y el alivio en origen trasladándose al lineal con retraso y de forma desigual según la cadena, pero el mecanismo de fondo —usar el formato grande como ariete comercial— se repite.
Cómo no pagar de más por la garrafa
La regla para comparar es sencilla: dividir el precio total entre los litros que contiene el envase. Vale igual para la botella de un litro que para la de 750 mililitros, el formato que peor se compara porque su precio por litro queda diluido entre cifras pequeñas y resulta más difícil de calcular a simple vista en el lineal.
No todas las categorías de aceite se comportan igual ni rinden lo mismo en la cocina. El virgen extra no es lo mismo que el aceite de oliva convencional, una mezcla refinada que se vende más barata y no ofrece el mismo resultado en crudo, una distinción que la etiqueta recoge pero que con las prisas de la compra se pasa por alto con frecuencia.
Hay además un factor que casi ninguna comparativa de precios tiene en cuenta: la conservación. Una garrafa abierta y almacenada durante meses pierde propiedades, y el ahorro aparente acaba en la basura si el aceite se enrancia antes de consumirse. Para un hogar de una o dos personas, cinco litros pueden ser un volumen excesivo; para una familia de cuatro, la cuenta compensa con holgura.
La compra online añade otra variable que puede neutralizar el ahorro: los gastos de envío. Una garrafa de cinco litros pesa más de cuatro kilos y medio, y si el pedido se limita a ese producto, el coste del reparto puede comerse el margen ganado en el precio por litro. La ecuación cambia cuando el aceite se incluye dentro de una compra grande de despensa que ya cubre el envío gratuito.
El IPC de alimentación marca la pauta
El precio del aceite de oliva es un mercado marcadamente cíclico, condicionado por la cosecha en las principales zonas productoras y por las reservas acumuladas en las almazaras. Cuando la producción mejora, el alivio tarda en trasladarse al consumidor final y lo hace de forma escalonada según la política comercial de cada cadena, lo que explica que distintos supermercados mantengan en un mismo momento precios por litro sensiblemente distintos para un producto equivalente.
El Instituto Nacional de Estadística recoge mensualmente la evolución de los precios de los aceites y grasas dentro del índice de precios de consumo, una referencia que permite situar movimientos como el de Carrefour dentro de la tendencia general de la cesta de la compra. El retroceso del lineal llega pocos días después de conocerse que el comercio minorista cayó un 1,6% en septiembre, su peor dato interanual desde 2022, un contexto de consumo contenido en el que las cadenas de distribución compiten con más agresividad por el ticket medio del cliente.
Organizaciones de consumidores como la OCU recomiendan desde hace años aplicar el criterio del precio por unidad de medida, obligatorio por normativa en el etiquetado del lineal español, como referencia para detectar ofertas que en realidad no lo son. La diferencia entre un 4,47 euros el litro y un 4,90 euros el litro en el mismo formato de cinco litros equivale, en una compra de dos garrafas al año, a un ahorro superior a cuatro euros que pasa inadvertido si el comprador solo mira el precio del envase.
Para una familia de tres o cuatro miembros que cocina a diario con aceite de oliva virgen extra, el precio actual en Carrefour supone una referencia que no se veía en el formato grande desde antes de la crisis de 2022. Para los hogares de menor tamaño, la botella de un litro, pese a su precio por litro más elevado, sigue siendo la opción que evita que el aceite pierda propiedades antes de consumirse por completo.