El problema no está en quienes pasan la revisión: el 81% de los vehículos que se presentan la supera sin incidencias, según esos mismos datos. El agujero se sitúa en el tercio que directamente no pide cita, un absentismo que coexiste con un parque automovilístico cada vez más envejecido en las carreteras españolas. La sanción, fijada en 200 euros desde hace años, no resta puntos del carnet.
La confusión entre ITV caducada e ITV desfavorable es habitual entre los conductores, aunque las consecuencias difieren. La caducada implica que el plazo venció sin someterse a inspección; la desfavorable, que el vehículo sí pasó por la estación pero salió con defectos graves sin subsanar. Existe además la negativa, que obliga a reparar antes de volver a circular. El importe no es lo más gravoso: la norma permite a los agentes inmovilizar el coche y ordenar su traslado a un taller o a un depósito, con una factura de grúa que ninguna póliza cubre por defecto.
Los turismos particulares quedan exentos de la ITV hasta los cuatro años desde la primera matriculación. Entre los cuatro y los diez años, la inspección es bienal; a partir de los diez, pasa a ser anual sin excepciones por kilometraje, mientras que ciclomotores y motocicletas se rigen por un calendario propio según cilindrada y antigüedad. La Asociación Española de Entidades Colaboradoras de la Administración en la Inspección Técnica de Vehículos (AECA-ITV) recomienda solicitar cita con un mes de antelación respecto a la fecha límite.
Alumbrado y emisiones, los motivos de rechazo
Los defectos de alumbrado y señalización encabezan los motivos de rechazo, con un 23% del total, seguidos de cerca por los problemas de emisiones, que suponen el 22% de los defectos graves y muy graves. Neumáticos y suspensión suman un 20%, y los frenos, un 11,4%, según AECA-ITV. El control de opacidad de los gases no mide el humo a simple vista, sino la cantidad de luz que un haz logra atravesar en el escape: cuanto más denso y negro, menor es el paso de luz y más difícil resulta superar el baremo.
El caso más llamativo lo señalan los informes de AECA-ITV en los vehículos pesados: las unidades de camiones de más de 3.500 kilogramos sin la inspección en vigor se habrían disparado un 56%. La asociación vincula el fenómeno a un incremento continuo de modelos de más de diez años sin la ITV en regla implicados en siniestros con víctimas mortales, un patrón que enlaza el absentismo con la siniestralidad del parque más antiguo.
El riesgo real para el conductor no está en el importe de la multa, sino en lo que ocurre después de una inmovilización o un siniestro. Las aseguradoras pueden reclamar al conductor el coste de los daños si se acredita negligencia grave por circular con el vehículo sin revisar, mientras que la inmovilización en carretera obliga a un traslado en grúa cuyo coste no cubre por defecto ninguna póliza. La obligatoriedad de la ITV rige en España desde los años ochenta como requisito para mantener en circulación el vehículo.
Esta misma sección ha abordado en otras ocasiones el contraste entre percepción y datos medibles, como el análisis de 10.000 películas que desmonta el mito del crítico desconectado del público, aunque aquí el objeto de medición sea un motor y no una obra cultural.
AECA-ITV insiste en que el control de gases no responde a un criterio recaudatorio: un motor diésel que quema aceite y suelta humo denso está señalando un desgaste interno que, de no atenderse, deriva en averías de coste muy superior al de la propia inspección. La recomendación de la asociación se resume en tres pasos: pedir cita con un mes de antelación, revisar luces y neumáticos la semana previa, y acudir al taller antes que a un aditivo si el tubo de escape expulsa humo blanco o negro.