El ensayo lo protagonizó la Malloy Flight, una unidad integrada en la Delta Squadron del 48 Commando (Support Group), con base en Devon, al suroeste de Inglaterra. La práctica se insertó dentro de Strike Warrior 26, descrito por la Royal Navy como el mayor ejercicio de la fuerza de comandos británica en 15 años, con despliegue en Escocia —incluidas las Hébridas Exteriores, Galloway y la región de los Borders— y en el mar del Norte.
Durante cinco días, la escuadra se trasladó al centro de adiestramiento de Spadeadam para simular condiciones de combate. Los drones volaron de día y de noche, más allá del alcance visual del operador, transportando suministros hasta posiciones de comandos en primera línea y repitiendo entregas en zonas sometidas a vigilancia intensiva, de acuerdo con la nota oficial.
La Royal Navy sostiene que un equipo recién formado puede aprender en menos de una jornada a montar el sistema, preparar la carga y ejecutar una salida completa. La lógica que subyace es tan simple como exigente: cuanto más breve es la preparación previa al vuelo, menor es la ventana en la que el enemigo puede localizar al equipo y atacarlo antes de que el dron despegue.
Esa premisa atraviesa toda la nota: adaptar los procedimientos británicos al tipo de guerra que se libra en Ucrania, donde los drones de pequeño y mediano tamaño han alterado el equilibrio táctico en el frente con una inversión modesta frente al coste de los sistemas que los neutralizan. La institución sitúa ese aprendizaje reciente como la referencia que empuja los cambios en sus propias tácticas.
«Cualquier operación moderna exige que podamos desplegar drones en cuestión de instantes», afirmó el mayor Rhys Adkins, jefe de la Delta Squadron.
El Malloy, una fuerza multiplicada por doce
El cuadricóptero Malloy puede transportar hasta 63 kilos de carga, según la nota de Cumbria, aunque otra publicación de la Royal Navy fechada el 21 de agosto eleva esa cifra a 68 kilos para la variante T-150B, sin que ninguna de las dos notas explique la discrepancia. Ese mismo documento detalla que el T-150B alcanza unos 97 kilómetros por hora, con hasta 40 minutos de autonomía y un radio de acción de entre 13 y 37,5 kilómetros según el peso transportado, y que incorpora cámara térmica para operar de noche.
Para Adkins, el valor del sistema no está solo en la carga que mueve, sino en lo que ahorra al soldado de a pie: un único dron no tripulado, sostiene el oficial, puede generar el efecto equivalente a una fuerza doce veces mayor, liberando a los comandos de acarrear parte de su equipo y reduciendo su exposición en el terreno.
El oficial enmarcó el proyecto en la estrategia del Primer Lord del Mar, jefe de la Marina británica, dentro del concepto de armada híbrida que combina plataformas tripuladas y no tripuladas, con el horizonte de 2029 fijado como fecha de referencia para la preparación de combate. Adkins matizó, no obstante, que la capacidad ya es operativa pese a que el calendario de referencia apunte a ese año.
HMS Trent, primer vuelo en el Caribe
El Malloy no debuta con este ejercicio. El 21 de agosto, el patrullero HMS Trent realizó en el Caribe el primer vuelo de un Malloy T-150B lanzado desde un buque de su clase, según otra nota de la Royal Navy. El 16 de octubre, la institución detalló que el Escuadrón Aéreo Naval 700X empleó el mismo tipo de dron para trasladar más de 240 kilos de suministros desde el Trent hasta la isla de Jost Van Dyke, en las Islas Vírgenes Británicas, en un ejercicio de una hora orientado a probar la ayuda a comunidades aisladas tras el paso de un huracán.
Ese recorrido —del Caribe a un campo de adiestramiento en el norte de Inglaterra— ilustra la doble vocación que la Royal Navy atribuye al sistema: logística humanitaria en escenarios de desastre natural y apoyo táctico en operaciones de combate simuladas, dos usos que comparten la misma plataforma pero exigen procedimientos distintos de despliegue.
El ejercicio en el que se enmarca el ensayo de Cumbria moviliza a más de 2.000 militares de seis países —Reino Unido, Países Bajos, Canadá, Alemania, Noruega y Estados Unidos—, según la Royal Navy, que lo define como un ejercicio dirigido por fuerzas de comandos para ensayar la respuesta aliada ante una hipotética crisis en el Alto Norte y el Atlántico Norte, una región que ha ganado peso estratégico en la planificación de la OTAN a medida que el deshielo ártico abre nuevas rutas de navegación y disputas de recursos entre potencias. La misma preocupación por el Atlántico Norte late en la próxima cita electoral estadounidense del 3 de noviembre, de cuyo resultado dependen las relaciones transatlánticas.
Otras facetas del mismo ejercicio han trascendido en notas previas de la Royal Navy, como la instalación de un hospital militar subterráneo levantado por ingenieros de comandos, detallada el 14 de octubre. En paralelo, la institución mantiene en marcha otros programas de sistemas no tripulados, entre ellos el submarino Excalibur y los vehículos antidrones Tempest operados por los Marines de Estados Unidos, en una carrera tecnológica que distintos ejércitos occidentales han acelerado tras observar el papel de los drones económicos en el conflicto ucraniano.
La nota de la Royal Navy no precisa cuántos drones Malloy participaron en Spadeadam, ni el número de salidas realizadas, ni cómo se cronometraron los tres y los cinco minutos de preparación diurna y nocturna. Tampoco fija un plazo para incorporar estos procedimientos a una unidad operativa ni anuncia nuevas compras del sistema, de modo que el ensayo queda descrito, por ahora, como una fase de prueba dentro de un proceso más amplio.
«Debemos seguir analizando, probando y evolucionando para no quedarnos atrás», dijo Adkins, que reconoció que el trabajo de la Delta Squadron no ha concluido.