La incertidumbre política en Israel tras sus comicios coincide con un nuevo momento decisivo en la crisis con Irán. Netanyahu perdió la mayoría en el Parlamento israelí, pero conserva como primer ministro en funciones las competencias necesarias para ordenar operaciones militares, una figura que le permite mantener el control sobre decisiones de seguridad nacional mientras negocia su continuidad al frente del Gobierno.
El Likud acusa a Qatar de financiar una supuesta injerencia en las elecciones israelíes para favorecer a los partidos árabes, una denuncia que el Comité Electoral de Israel ha pedido investigar por "graves alegaciones". La paradoja es que, al mismo tiempo, Doha ejerce de principal mediador entre Washington y Teherán, un papel que ha desempeñado de forma recurrente por su relación simultánea con Irán y con Estados Unidos, país que alberga en territorio catarí la mayor base militar estadounidense en Oriente Medio.
Una delegación encabezada por el jeque Mohammed bin Abdulrahman al Thani, principal asesor del primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Qatar, viajó a la capital iraní. La visita se produjo 24 horas después de conocerse que el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, había enviado una carta el fin de semana anterior a Mohsen Rezaei, responsable del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní. Según 'The Wall Street Journal' y 'The New York Times', el texto se centraba en "establecer un nuevo marco" para las negociaciones y no en condiciones concretas impuestas por Trump. Los cataríes entregaron la misiva y esta última visita habría servido para recoger la respuesta iraní.
Teherán confirmó la recepción de la carta, aunque los medios oficiales del régimen insistieron en que las condiciones para negociar se mantienen intactas. El presidente del Parlamento iraní, Mohamed Ghalibaf, fijó la posición con dureza.
"La política del palo y la zanahoria no tiene ningún efecto sobre Irán", advirtió el presidente del Parlamento iraní, Mohamed Ghalibaf.
El régimen de los ayatolás exige el fin del bloqueo naval, el levantamiento de las sanciones petroleras y garantías previas antes de abordar las cuestiones nucleares. Es la misma línea roja que mantuvo en abril, cuando Vance pasó 21 horas seguidas negociando con representantes iraníes en la cumbre de Islamabad sin lograr cerrar un acuerdo. Seis meses después, vuelve a ser el encargado de la Casa Blanca para tender puentes con Teherán, en un momento marcado por el ataque sorpresa que Israel y Estados Unidos lanzaron en febrero en mitad de la negociación nuclear.
Resulta significativo que Vance eligiera dirigirse a Rezaei y no a Ghalibaf, jefe negociador en Islamabad, ni a Abás Araghchi, ministro de Exteriores iraní. Rezaei está vinculado a la Guardia Revolucionaria, el cuerpo paramilitar que constituye la primera línea de defensa del país. El portal Axios informó además de que Vance mantiene comunicación directa con el líder supremo, Mojtaba Jamenei, cuyo paradero permanece desconocido desde su nombramiento por motivos de seguridad y sobre el que circulan sospechas de que estaría gravemente herido.
Inmerso en plena campaña por las legislativas de mitad de mandato, Trump afirmó en una entrevista a una emisora de radio de Kansas City que la guerra "va a terminar pronto", sin ofrecer más detalles. La ambigüedad de sus mensajes, que alternan amenazas de escalada con promesas de resolución inminente, resta previsibilidad a los socios regionales que presionan por una salida negociada.
Netanyahu, la única voz atendida
Qatar, Pakistán, Turquía y Arabia Saudí empujan hacia un avance diplomático ante las expectativas de una escalada militar significativa una vez concluyan los procesos electorales en Israel y Estados Unidos. Sin embargo, la única voz a la que Trump ha atendido en este asunto ha sido la de Netanyahu: ambos actuaron coordinados en el ataque de febrero y podrían repetir esa alianza tras los comicios del martes.
Desde el estallido de la guerra, el estrecho de Ormuz se ha convertido en un escenario de presión con repercusiones globales. Por este paso, uno de los puntos de estrangulamiento energético más vigilados del planeta, circulaba cerca de una quinta parte del petróleo que se consumía en el mundo antes del conflicto; hoy es un instrumento que emplean ambos bandos, con los países del Golfo como primeras víctimas del bloqueo y el riesgo marítimo.
En las últimas 24 horas, la Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber detenido a dos petroleros que navegaban por "rutas no autorizadas". Además, comunicó que un superpetrolero se había incendiado tras chocar contra una mina y que había destruido "una embarcación no tripulada enemiga" al este de Ormuz, episodios que ilustran la volatilidad de una vía marítima convertida en frente abierto del conflicto.
El desenlace de las legislativas estadounidenses del martes, en las que las relaciones trasatlánticas quedan pendientes del resultado, determinará si Washington opta por consolidar el canal diplomático abierto por Vance o si, junto a Netanyahu, retoma la vía militar que ya ensayaron conjuntamente en febrero.