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La mayor extinción masiva se originó en volcanes siberianos hace 252 millones de años

La Gran Mortandad del límite Pérmico-Triásico acabó con cerca del 95% de las especies marinas y más del 70% de las familias de vertebrados terrestres.

Por Redacción de El Hemiciclo·
2 min de lectura
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Una erupción volcánica continuada en la actual Siberia, hace unos 252 millones de años, desencadenó la mayor extinción masiva conocida en la historia de la Tierra, según la reconstrucción geológica del límite entre los períodos Pérmico y Triásico. El fenómeno, conocido como la Gran Mortandad, acabó con cerca del 95% de las especies marinas y más del 70% de las familias de vertebrados terrestres en un intervalo geológicamente breve.

El episodio, muy anterior al impacto del asteroide que hace 66 millones de años acabó con los dinosaurios, no tuvo un origen extraterrestre. El detonante se encuentra en una provincia ígnea siberiana que durante miles de años emitió coladas de magma basáltico sobre un territorio comparable en extensión al continente europeo, en un proceso sostenido que fracturó la corteza del planeta sin interrupciones prolongadas.

La clave del colapso no estuvo tanto en la lava como en lo que había bajo ella. El subsuelo siberiano albergaba entonces grandes depósitos de carbón y roca sedimentaria rica en materia orgánica. Al entrar en contacto con el magma, estos yacimientos liberaron a la atmósfera cantidades masivas de dióxido de carbono, metano y dióxido de azufre en un periodo geológicamente muy corto, alterando de forma abrupta el ciclo del carbono y disparando el efecto invernadero hasta cotas que la vida compleja no había soportado nunca.

El calentamiento resultante redujo drásticamente la capacidad de los océanos para retener oxígeno disuelto, un proceso descrito como clave en la desaparición de la fauna marina. Las aguas, más cálidas, perdieron la circulación necesaria para oxigenar las profundidades, y derivaron en océanos anóxicos donde proliferaron bacterias anaerobias productoras de sulfuro de hidrógeno, que tiñeron las costas de tonos púrpuras.

Esa dinámica acabó con trilobites, corales primitivos y ammonites, organismos que llevaban decenas de millones de años dominando los fondos marinos. Cerca del 95% de las especies marinas desapareció, con la destrucción de estructuras arrecifales que habían tardado decenas de millones de años en formarse y que no se reconstruyeron de forma inmediata.

En tierra firme, la combinación de sequías prolongadas y lluvia ácida diezmó los bosques de helechos y plantas primitivas, con consecuencias directas sobre insectos de gran tamaño y sinápsidos como los gorgonópsidos, antecesores lejanos de los mamíferos. El oxígeno atmosférico disponible cayó hasta niveles comparables a los que hoy se registran en las cotas más altas del Himalaya, y más del 70% de las familias de vertebrados terrestres se extinguió.

El Lystrosaurus y el vacío del Triásico

La recuperación posterior, según el registro fósil del inicio del Triásico, fue extremadamente lenta. Durante un periodo prolongado el planeta quedó poblado principalmente por hongos descomponedores y reptiles excavadores resistentes como el Lystrosaurus, en lo que los paleontólogos describen como una fase de práctico vacío biológico en amplias zonas continentales. La evolución tuvo que reiniciar el marcador prácticamente desde cero.

El interés actual por este episodio no se limita al ámbito paleontológico. Los registros químicos conservados en sedimentos de la época permiten comparar la velocidad de emisión de gases de aquel pulso volcánico con la de las emisiones de origen humano desde la era industrial, un ejercicio abordado en geoquímica para evaluar los límites de resiliencia del sistema climático terrestre. La cuestión conecta con otros registros sobre la dinámica de los hielos polares, como las proyecciones sobre el glaciar Thwaites, que perderá hielo durante 150 años aunque el océano se enfríe, según el British Antarctic Survey.

El registro geológico del límite Pérmico-Triásico, con una antigüedad de 252 millones de años, sigue siendo el principal punto de referencia para calibrar hasta qué punto una alteración rápida del ciclo del carbono puede desestabilizar de forma duradera la química de la atmósfera y de los océanos.

Fuentes

  1. OKDiariookdiario.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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