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Una cita de Voltaire sobre el fanatismo vuelve a circular como advertencia

«Aquellos que pueden hacerte creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades», atribuida al filósofo francés en un escrito de 1765.

Por Redacción de El Hemiciclo·
2 min de lectura
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Una frase atribuida a Voltaire, el filósofo francés de la Ilustración, vuelve a circular como advertencia sobre los riesgos de aceptar creencias sin someterlas a examen crítico. La cita, procedente de un escrito de 1765, sostiene que quienes logran imponer ideas absurdas a otros pueden también inducirles a cometer actos de violencia. El texto conecta con la obra del autor contra el fanatismo religioso y la intolerancia en la Francia del siglo XVIII.

La reflexión parte de una pregunta que atraviesa su obra: qué ocurre cuando una persona deja de pensar por sí misma y acepta una idea solo porque una autoridad la presenta como incuestionable. El filósofo sostenía que ese tipo de sumisión intelectual abre la puerta a que las creencias impuestas se conviertan en coartadas para perseguir o dañar a terceros.

François-Marie Arouet, nacido en París en 1694 y conocido con el seudónimo de Voltaire, fue una de las figuras centrales de la Ilustración francesa. Combinó la actividad literaria con el ensayo histórico y la sátira política, un género que empleó para denunciar abusos de poder eclesiástico y civil en la Francia del Antiguo Régimen.

Entre su producción destacan la novela filosófica Cándido y el Tratado sobre la tolerancia, publicado en 1763. En esa obra Voltaire tomó como referencia el caso de Jean Calas, un comerciante protestante francés ejecutado tras ser condenado injustamente por el asesinato de su hijo, un episodio que el filósofo empleó para argumentar contra la intolerancia religiosa de la época.

El Tratado sobre la tolerancia se inscribe en un contexto europeo marcado por las guerras de religión de los siglos anteriores y por la persistencia de leyes que discriminaban a las minorías confesionales en varios reinos del continente. Voltaire defendía que la separación entre la fe personal y la acción judicial o política era condición necesaria para evitar que el fanatismo se tradujera en persecución organizada.

El filósofo no proponía eliminar las convicciones personales, sino distinguir entre aquello que se sostiene con pruebas y aquello que se acepta por mera imposición. Esa distinción, según su obra, permite identificar cuándo una creencia deja de ser una opinión legítima para convertirse en justificación de la violencia contra quienes no la comparten.

La vigencia de la frase se explica por su aplicabilidad a los mecanismos contemporáneos de difusión de información, en los que mensajes sin verificar circulan con rapidez y pueden moldear percepciones colectivas sin pasar por un filtro crítico, una preocupación que también aflora en episodios como el que recogió la comparación de Niño Becerra entre el malestar francés y la Francia de 1795.

La enseñanza que se extrae de esta corriente de pensamiento ilustrado es que ninguna afirmación debería quedar exenta de contraste. Pensar, preguntar y verificar no son, en esa lógica, obstáculos para mantener convicciones propias, sino herramientas para impedir que una idea no cuestionada se convierta en pretexto para el daño a otros.

Fuentes

  1. OKDiariookdiario.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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