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La Policía detecta pisos patera en Ceuta tras la llegada masiva de julio

La Operación Senen de la UCRIF investiga alquileres clandestinos de inmigrantes en garajes y trasteros, con dos detenidos y una primera condena.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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La Unidad contra las Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (UCRIF) de la Policía Nacional ha destapado esta semana en Ceuta un negocio de alojamientos irregulares para inmigrantes llegados tras la entrada masiva registrada a finales de julio de 2026. La denominada Operación Senen, según avanzó El Faro de Ceuta, se ha saldado con la detención de dos personas y una primera condena vinculada a estas prácticas.

La investigación arrancó a raíz de los episodios de entrada irregular masiva registrados a finales de julio en la frontera de Ceuta, cuando un número elevado de personas accedió a la ciudad autónoma en un corto periodo de tiempo, desbordando los recursos de acogida disponibles. Según las pesquisas policiales, ese desbordamiento habría propiciado la aparición de un mercado paralelo de alojamiento que opera al margen de los circuitos oficiales de protección humanitaria gestionados por las administraciones competentes.

Los agentes de la UCRIF, especializada en la persecución de redes de inmigración irregular y falsificación documental, han identificado precios que oscilarían entre los 35 euros diarios por una habitación y los 3.000 euros por el alquiler de una vivienda completa, según las fuentes de la investigación. Los garajes compartidos, en algunos casos, alcanzarían los 900 euros al mes, cifras que los investigadores consideran indicativas de un negocio estructurado más que de una ayuda puntual entre particulares. El catálogo de espacios no se limita a viviendas: incluye trasteros, pequeños almacenes, cobertizos e incluso vehículos habilitados como refugio improvisado.

La Policía trabaja para determinar, caso por caso, si existió contraprestación económica y si estas situaciones responden a una estructura organizada de tráfico de personas o a iniciativas aisladas de particulares. Uno de los mayores obstáculos jurídicos reside precisamente en esa distinción, porque el ordenamiento español protege el domicilio y la propiedad privada con garantías constitucionales estrictas, de modo que el acceso policial a estos espacios requiere acreditar indicios sólidos de actividad delictiva. Cuando los propietarios alegan que el alojamiento se ofrece de forma desinteresada, los investigadores deben reunir pruebas del pago para sostener una imputación por explotación o tráfico de personas.

De la ayuda humanitaria a la sospecha de explotación

Entre los episodios que han cobrado mayor relevancia figura la denuncia de una joven que pernoctaba en un garaje de la barriada del Príncipe. Según su relato recogido en las diligencias, el propietario del inmueble le habría propuesto no cobrarle el alojamiento a cambio de mantener relaciones sexuales. Las fuentes de la investigación precisan que la propuesta no llegó a materializarse en una relación sexual ni consta que se produjera agresión física, por lo que la causa analiza si los hechos son constitutivos de algún tipo penal, sin que a día de hoy exista imputación formal por ese episodio concreto.

La causa también recoge indicios de que algunas personas alojadas habrían satisfecho el coste de su estancia mediante trabajos realizados en obras, una modalidad de pago en especie que complica notablemente la acreditación del delito. Los investigadores deben probar tanto la existencia de esos trabajos como su conexión directa con el alojamiento, en un contexto donde los testimonios de las presuntas víctimas resultan a menudo difíciles de obtener por su situación administrativa irregular.

El abanico de tipos penales que maneja la UCRIF va de menor a mayor gravedad. En el escalón más leve se sitúan posibles infracciones relacionadas con el alquiler irregular y el trabajo no declarado; en un nivel intermedio, delitos contra la integridad moral o de agresión sexual si se acreditasen los hechos denunciados; y en el extremo más grave, detención ilegal o trata de seres humanos, este último tipificado en el artículo 177 bis del Código Penal, que contempla penas de hasta ocho años de prisión cuando concurre explotación laboral, sexual o servidumbre.

Hasta el momento, la operación se salda con dos personas detenidas y una condena ya dictada por hechos relacionados con el alojamiento clandestino tras los sucesos de julio, si bien no ha trascendido el contenido íntegro del fallo ni el juzgado que lo dictó. Las personas detenidas mantienen, en el estadio procesal actual, la condición de investigadas, sin que conste que exista escrito de acusación formal contra ellas por los hechos de mayor gravedad que se examinan.

El fenómeno de los llamados pisos patera no es nuevo en las ciudades fronterizas españolas. Ceuta y Melilla han registrado episodios similares en anteriores oleadas de entradas irregulares, especialmente tras el asalto masivo a la frontera de Ceuta en mayo de 2021, cuando más de diez mil personas cruzaron en apenas 48 horas y colapsaron los dispositivos de acogida, generando entonces también denuncias vecinales por hacinamiento en pisos y locales comerciales reconvertidos en alojamiento improvisado.

Malestar vecinal y coordinación de tres esferas legales

Las quejas de los residentes se centran en los efectos colaterales de la sobreocupación: ruidos a horas intempestivas, entradas y salidas constantes de personas desconocidas, puertas de acceso comunitario abiertas y problemas de salubridad derivados de la falta de condiciones básicas de habitabilidad. Los vecinos han reclamado una mayor vigilancia ante situaciones que, según denuncian, alteran la convivencia en distintas barriadas. La Delegación del Gobierno en Ceuta no ha realizado declaraciones públicas específicas sobre el contenido de la Operación Senen mientras esta permanece en fase de instrucción.

El marco legal aplicable combina la Ley Orgánica 4/2000 de extranjería, que regula la situación administrativa de las personas migrantes, con el Código Penal en lo referido a los delitos de trata y explotación, y con la normativa municipal de habitabilidad y salubridad de las viviendas, cuya vulneración podría acarrear sanciones administrativas independientes de la vía penal. La coordinación entre estas tres esferas —penal, administrativa y municipal— resulta habitualmente compleja en casos de esta naturaleza.

El juzgado de instrucción competente en Ceuta deberá determinar en las próximas semanas si existen indicios suficientes para elevar alguna de estas actuaciones a procedimiento formal contra personas concretas, un paso que marcaría el tránsito de la fase de investigación a la de posible procesamiento.

La atención sobre Ceuta se mantiene además elevada ante informaciones, no vinculadas directamente a esta causa judicial, sobre la planificación de nuevos intentos de entrada irregular a la ciudad autónoma en las próximas semanas, lo que, según fuentes policiales, podría volver a tensionar tanto los recursos de acogida como el fenómeno de los alojamientos clandestinos que la Operación Senen trata de desarticular.

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