El caso de «Digger», la comedia negra sobre un magnate petrolero cuya empresa provoca una catástrofe medioambiental, ilustra el fenómeno que alimenta la percepción pública. La película obtuvo un 76% de aprobación entre los espectadores en Rotten Tomatoes, frente a solo un 53% de reseñas positivas entre los críticos, que la calificaron de pesada y sermoneadora. Sus seguidores, agrupados bajo el nombre de «Digger Nation», se movilizaron en redes para defenderla.
No es un caso aislado. Un biopic de Michael Jackson estrenado en abril recibió un 97% de aprobación del público, que lo consideró un thriller, mientras la mayoría de los críticos lo valoró negativamente. En enero, el documental «Melania», sobre la primera dama de Estados Unidos, reflejó una diferencia de 90 puntos entre ambos colectivos: «¡Una obra maestra absoluta!», llegó a decir un espectador, frente al «basura dorada» con que lo despachó The Guardian.
El estudio mide el grado de acuerdo mediante un coeficiente de correlación entre las puntuaciones de críticos y público, donde cero equivale a ausencia de relación y uno a sintonía perfecta. Entre 2005 y 2016 ese valor rondó el 0,6: un aumento de diez puntos en la nota del público se traducía en otro aumento de diez puntos en la de la crítica. En los seis años siguientes, esa correspondencia bajó a ocho puntos, y la correlación general cayó a cerca de 0,5.
Antes de hablar de elitismo, el análisis descartó varias hipótesis. Los cambios en género, presupuesto, condición de secuela o estudio productor explicaron poco de la divergencia. El verdadero foco estuvo en dos categorías de Hollywood: las películas de acción y las familiares de gran presupuesto, donde la relación entre ambas puntuaciones se desplomó entre 2017 y 2022. El estudio estima que esos dos géneros concentraron en torno al 43% de toda la divergencia detectada.
El cansancio con las franquicias, la explicación más citada
La mayoría de los profesionales del sector atribuye esa caída al agotamiento con las sagas de superhéroes y las secuelas interminables.
«Los críticos de cine se cansaron de las películas de superhéroes antes que el público general», afirma Bruce Nash, de The Numbers.
«Se vuelve aburrido si estás viendo Fast and Furious 23 o Los Vengadores, parte 27», sostiene Mattias Frey, de City St George's, Universidad de Londres.
La polarización política también habría influido: cuando los estudios incorporan a más actrices y personas de minorías como protagonistas de grandes franquicias, o incluyen temas identificados como «woke» —caso de «Capitana Marvel», descrita entonces como una gran película feminista—, una parte del público tiende a mostrarse más crítica. Es un debate cultural emparentado con otros que reaparecen periódicamente, como el repunte de interés por una cita de Voltaire sobre el fanatismo.
Desde 2022, en cambio, las posturas de críticos y público han vuelto a acercarse: la correlación entre ambas puntuaciones se sitúa ahora cerca de 0,7 en todos los géneros principales. Algunos analistas apuntan a que la crisis de la industria podría estar suavizando el criterio de los críticos ante películas que antes habrían recibido valoraciones más severas.
El propio análisis recuerda que los juicios críticos pueden envejecer mal: la historia del cine incluye reseñas hoy desconcertantes, como la que describió «Ciudadano Kane» —considerada una de las mejores películas jamás rodadas— como «bienintencionada, confusa, amateur» en el momento de su estreno, en 1941.
