La Operación Atlantic Bridge, nombre en clave con el que Europol bautizó la investigación hace catorce meses, culminó con un abordaje coordinado entre la Armada española, agentes del Servicio de Vigilancia Aduanera y un equipo de intervención rápida de la Policía Nacional que accedió al buque mediante embarcaciones semirrígidas desde la fragata Cristóbal Colón. La operación se ejecutó a las 04:17 horas del lunes, con el barco navegando a seis nudos rumbo al estrecho de Gibraltar. La tripulación, compuesta por once marineros de nacionalidad filipina y tres oficiales griegos, no opuso resistencia. Los catorce ocupantes fueron detenidos y trasladados al puerto de Las Palmas, donde permanecen a disposición del Juzgado Central de Instrucción número 5 de la Audiencia Nacional.
La magnitud del cargamento desafía los precedentes. El anterior récord en España databa de 2006, cuando se incautaron 13.000 kilogramos en el pesquero Doña Fortuna frente a las costas de Galicia. A nivel europeo, la mayor incautación registrada hasta ahora correspondía a los 23.000 kilos hallados en el puerto de Hamburgo en 2023. Si las autoridades judiciales confirman las cifras preliminares, el Arconian superaría ambos registros y se situaría en la zona de los grandes decomisos globales, solo por detrás de los 40.000 kilogramos interceptados por la Armada colombiana en el Pacífico en 2019 en una operación que implicó a tres buques diferentes. La diferencia clave es que el Arconian transportaba la totalidad del cargamento en un solo navío, lo que sugiere un nivel de sofisticación logística y de capacidad financiera que las fuerzas de seguridad españolas califican de «sin precedentes en Europa».
La ruta del Arconian traza un mapa del narcotráfico transatlántico que conecta tres continentes. El buque zarpó del puerto de Freetown, en Sierra Leona, donde habría cargado la cocaína procedente de laboratorios del cártel de Jalisco Nueva Generación ubicados en la región del Catatumbo, en la frontera colombo-venezolana. Desde Sierra Leona, el carguero puso rumbo a Bengasi, Libia, una ruta deliberadamente errática diseñada para eludir los sistemas de seguimiento satelital de la Agencia Marítima Europea. El cambio de rumbo hacia el Atlántico se produjo frente a las costas de Mauritania, un giro de 180 grados que fue detectado por los analistas de Europol y que activó el protocolo de interceptación.
El cerebro de la operación, según las fuentes policiales consultadas, es un ciudadano holandés conocido por el alias de «Bolle Jos» que opera desde un complejo residencial fortificado en la periferia de Abiyán, Costa de Marfil. Jos, cuyo nombre real no ha sido revelado al estar sujeto a una orden de detención europea pendiente de ejecución, lleva al menos seis años coordinando envíos transatlánticos de cocaína desde África Occidental hacia puertos europeos, utilizando una red de empresas fantasma registradas en Comoras, Liberia y las Islas Marshall que proporcionan banderas de conveniencia a los buques de la organización. Europol lo considera uno de los cinco mayores narcotraficantes activos en el corredor atlántico y ha solicitado a las autoridades marfileñas su entrega mediante los acuerdos de cooperación judicial UE-CEDEAO.
Los 23 detenidos en la operación se distribuyen en tres niveles de la organización. El primer nivel, compuesto por los catorce tripulantes del Arconian, incluye a los marineros y oficiales que, según la investigación, conocían la naturaleza del cargamento y recibían compensaciones de entre 50.000 y 200.000 euros por travesía. El segundo nivel, con seis detenidos en España, Países Bajos y Alemania, comprende a los logísticos encargados de gestionar los puertos de destino, los almacenes de distribución y los vehículos de transporte terrestre. El tercer nivel, con tres arrestos en Marruecos y Senegal, apunta a los intermediarios que conectaban la producción colombo-venezolana con la red de distribución europea.
La tecnología empleada para ocultar la cocaína revela una inversión en ingeniería de ocultación que los expertos en narcotráfico califican de «industrial». Los fardos, envueltos en un triple sellado de resina epoxi, aluminio y plástico termoconformado, estaban distribuidos en un doble fondo del casco construido con planchas de acero naval que replicaban la estructura original del buque. La modificación, que habría requerido un dique seco y al menos tres semanas de trabajo, fue realizada presuntamente en un astillero de Conakri, Guinea, controlado por la red. El doble fondo tenía capacidad para 35 toneladas, lo que indica que el Arconian no transportaba su máxima carga y que la ruta podría haber sido utilizada en ocasiones anteriores con volúmenes menores no detectados.
Para las fuerzas de seguridad españolas, la incautación del Arconian representa la operación más importante contra el narcotráfico desde la desarticulación de la red de Sito Miñanco en los años noventa. El comisario jefe de la brigada central de estupefacientes declaró que la investigación «demuestra que España sigue siendo la puerta de entrada de la cocaína en Europa y que las organizaciones criminales han alcanzado un nivel de sofisticación que exige una respuesta internacional coordinada». La referencia a la cooperación internacional no es retórica: la Operación Atlantic Bridge implicó a agencias policiales de once países, incluidas la DEA estadounidense, la SOCA británica y las policías nacionales de Francia, Portugal, Países Bajos y Alemania.
La pregunta que las autoridades intentan responder ahora es dónde habría acabado la cocaína del Arconian si no hubiera sido interceptada. Los análisis de inteligencia de Europol apuntan a que el destino final era el puerto de Amberes, en Bélgica, que se ha convertido en los últimos cinco años en el principal punto de entrada de cocaína en Europa, superando a Rotterdam y a los puertos españoles. Desde Amberes, la droga se habría distribuido a través de la red de autopistas del Benelux hacia mercados de consumo en Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. El precio al por menor habría multiplicado por cuatro el valor mayorista, situando el beneficio potencial de la operación por encima de los 3.000 millones de euros, una cifra que supera el presupuesto anual de varias comunidades autónomas españolas.


