El informe del PNUMA, titulado 'Informe sobre la brecha de emisiones 2026: El punto de retorno' y divulgado la semana pasada, plantea que incluso el escenario más favorable conduciría a un sobrecalentamiento de entre 1.7 y 1.8°C a mediados de siglo. Para contener ese desenlace, el documento señala que se requerirían reducciones de emisiones del 18% para 2030 y del 45% para 2035, acompañadas de mecanismos crecientes de eliminación de dióxido de carbono a lo largo del siglo.
A esa alerta se sumó la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que en su Boletín de Gases de Efecto Invernadero reportó que las concentraciones de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso en la atmósfera alcanzaron máximos históricos en 2025. La concentración media mundial de CO2 llegó a 426.8 partes por millón, un 53% por encima de los niveles previos a la era industrial.
Según la OMM, el efecto de calentamiento generado por estos gases de larga duración aumentó un 56% entre 1990 y 2025, con el CO2 como principal responsable del incremento. El organismo anticipó mayores subidas en los próximos años, impulsadas por un fenómeno intenso de El Niño y por la menor capacidad del océano para absorber carbono.
El meteorólogo de Meteored José Manuel Viñas señaló que uno de los temas de mayor interés científico este año es el posible impacto de El Niño en los meses venideros. A su juicio, lo que ocurra durante ese periodo funcionará como "un importante modulador del comportamiento climático de lo que resta de década". Viñas también subrayó la relevancia creciente de los estudios que buscan determinar cómo se están modificando los patrones meteorológicos como consecuencia del forzamiento climático de origen humano.
Por su parte, la meteoróloga y doctora en Ciencias Físicas Mar Gómez destacó la actualización de los Indicators of Global Climate Change, publicada en junio en la revista Earth System Science Data, como una de las investigaciones más relevantes antes de la cumbre. El dato que más le preocupa, dijo, es que el desequilibrio energético de la Tierra se ha más que duplicado respecto al periodo 1976-1995, lo que implica que el planeta retiene cada vez más energía de la que devuelve al espacio.
Gómez explicó que más del 90% de ese exceso de calor termina acumulándose en los océanos, con consecuencias directas sobre la intensidad de fenómenos extremos en distintas regiones del planeta, en particular el Mediterráneo.
"Un mar más cálido favorece una mayor evaporación y puede proporcionar más humedad y energía a las tormentas cuando se dan las condiciones atmosféricas adecuadas, aumentando el potencial de precipitaciones extremas", advirtió Mar Gómez, meteoróloga y doctora en Ciencias Físicas.
Mar Gómez alerta del calor acumulado
Para la especialista, lo más alarmante no es solamente que se sigan batiendo récords de temperatura, sino que el sistema climático acumula calor a un ritmo cada vez mayor, con efectos que trascienden la medición de termómetros.
"Eso tiene consecuencias que van mucho más allá de los termómetros: afecta a nuestra seguridad, nuestra salud, los recursos hídricos, los ecosistemas y nuestra capacidad de adaptación", señaló Gómez.
Gómez citó también el estudio sobre la dana de Valencia de octubre de 2024 publicado este año en Nature Communications, que concluyó que el calentamiento global intensificó un 21% las tasas de precipitación intradiaria, incrementó un 19% el volumen total de lluvia en la cuenca del Júcar y amplió un 55% la superficie afectada por precipitaciones extremas. "Me parece uno de los resultados más importantes porque demuestra que el cambio climático no solo está aumentando las temperaturas, sino que también puede amplificar de forma significativa determinados fenómenos meteorológicos extremos", señaló la meteoróloga.
El portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología de España, Rubén del Campo, destacó dos indicadores vinculados a ese país: el aumento de las temperaturas estivales y la mayor intensidad de las lluvias torrenciales cuando se presentan. Según precisó, España registró este año 61 días bajo ola de calor, es decir, dos de cada tres jornadas del verano bajo temperaturas extremas, un salto frente al récord anterior de 41 días y al previo de 29. Entre los años 70 y la década de 2010 esos episodios duraban entre 10 y 15 días, y en algunos veranos no se registraba ninguno.
Rubén del Campo y los 61 días de calor
"Es muy destacable cómo los veranos son cada vez más cálidos y con unas temperaturas pues prácticamente hace años inimaginables", afirmó Rubén del Campo, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología de España.
Del Campo añadió que septiembre de este año fue el primer mes de ese nombre cuya temperatura media superó la temperatura media normal de los veranos, un indicio de que el verano climatológico se prolonga sobre un mes ya considerado otoño. En cuanto a las lluvias torrenciales, precisó que no se han vuelto más frecuentes, pero sí dejan volúmenes de precipitación inusualmente altos cuando ocurren.
La cita de Antalya llega en un momento en que la región centroamericana ya debate su propio encaje en los mecanismos energéticos y climáticos, como ilustró el reciente ingreso de Costa Rica al Depa que reabrió en Panamá el debate sobre la adhesión. La evidencia científica acumulada mes a mes por agencias meteorológicas y organismos de Naciones Unidas es la que llegará a la mesa de negociación turca, donde la comunidad internacional discutirá metas de reducción de emisiones frente a un calendario que, según el PNUMA, se estrecha año tras año.
La conferencia sesionará del 9 al 20 de noviembre de 2026 en Antalya, con los informes del PNUMA y de la OMM ya sobre la mesa como punto de partida de las negociaciones.
