El equipo examinó plantas potabilizadoras y los problemas operativos que han golpeado el abastecimiento en comunidades de la región. Las recomendaciones preliminares, según explicó Berger, apuntan a ajustar los procesos de tratamiento, en particular el filtrado, y a reforzar los controles sobre la calidad del agua que sale de las instalaciones. Algunas de esas medidas, dijo, pueden comenzar a implementarse de inmediato.
El diagnóstico de fondo, sin embargo, apunta a la gestión institucional del recurso. "Hay muchos organismos que están gestionando el agua ahí, cada uno por su lado", afirmó Berger, quien planteó que la región necesita una estrategia que integre las distintas fuentes de abastecimiento y las necesidades de las comunidades, en lugar de respuestas aisladas para cada instalación o población.
La propuesta de Mekorot consiste en conectar los recursos disponibles mediante un sistema que combine agua superficial y subterránea, capaz de abastecer tanto a los centros urbanos como a las comunidades rurales y de atender las demandas de la agricultura y la ganadería. "Tiene que haber una solución más holística", insistió el coordinador al describir el enfoque que, en su opinión, necesita la zona.
Berger advirtió sobre el riesgo de depender de una sola fuente: cuando una ciudad se abastece de un único origen, cualquier falla de disponibilidad o calidad puede comprometer el suministro completo. Como referencia, señaló que las directrices de diseño que conoce en Israel contemplan dos fuentes independientes por ciudad, cada una con capacidad para cubrir el 60% del consumo, de modo que exista una alternativa cuando una falle.
Cuencas bajo presión agropecuaria en Macaracas
Durante la visita a Macaracas, el equipo identificó zonas con presencia de cerdos y otras actividades agropecuarias cerca de las fuentes. Berger sostuvo que la protección del agua exige evaluar en conjunto dónde se desarrollan esas actividades, cómo se utiliza el suelo, cuáles son las necesidades de la población y qué disponibilidad habrá en el futuro, aunque aclaró que también se registran problemas de calidad en aguas subterráneas en sitios sin criaderos porcinos, lo que descarta explicaciones simples.
El representante de Mekorot rechazó la idea de que Panamá enfrente una escasez estructural. Comparó el promedio anual de precipitaciones de Israel, que situó en unos 400 milímetros, con los aproximadamente 1,500 milímetros que mencionó para la zona seca panameña, más de tres veces superior.
"Ustedes agua tienen. El asunto es cómo hacer para gestionarla para bien de todos", afirmó Diego Berger, coordinador de Proyectos Internacionales de Mekorot.
Berger también cuestionó el modelo de cobro vigente en Panamá, donde los usuarios pagan por la conexión sin que el esquema incentive suficientemente el ahorro, aun existiendo medición del consumo. "Tienen que usar lo que necesitan, no lo que quieren", sostuvo sobre los hábitos domésticos, y planteó revisar esos patrones y garantizar que las plantas cuenten con tiempo y condiciones para su mantenimiento en lugar de operar sin pausa.
La crisis de Azuero se suma a otras intervenciones estatales sobre el manejo del recurso en el país, como las órdenes de paralización que MiAmbiente ha aplicado en Bocas del Toro ante casos de desacato a sus disposiciones.
La visita no cierra el proceso. Berger indicó que Mekorot entregará sus recomendaciones y que se prepara una propuesta para definir cómo continuará la asistencia a Panamá, con miras a un proyecto regional que integre las fuentes de agua, las plantas de tratamiento y las redes de distribución para Azuero.
