El Arconian, un carguero de 87 metros de eslora con matrícula del archipiélago de las Comoras y un historial de cambios de bandera que la inteligencia policial califica de «sospechoso por sistema», zarpó del puerto de Freetown, en Sierra Leona, el pasado 28 de abril con una carga declarada de chatarra industrial destinada a un desguace de Turquía. La UCO llevaba meses monitorizando los movimientos del barco gracias a un dispositivo de seguimiento satelital instalado en el casco durante una escala técnica en Las Palmas el pasado enero, una operación encubierta que requirió la autorización de un juez de la Audiencia Nacional y la colaboración de los servicios de inteligencia marítima de la OTAN. La ruta del buque, que describió un arco deliberadamente errático por aguas internacionales del Atlántico central antes de girar hacia las costas del Sáhara Occidental, confirmó las sospechas de que el destino real de la carga no era Turquía sino un punto de trasbordo en el Estrecho de Gibraltar.
La interceptación se produjo a las 03:40 de la madrugada del martes a 120 millas náuticas al oeste de Dajla, cuando un equipo conjunto de la UCO y agentes de la DEA embarcados en una fragata de la Armada española abordaron el Arconian tras una persecución de cuatro horas en la que el capitán del buque ignoró repetidamente las señales de alto. El abordaje, ejecutado mediante lanchas semirrígidas y un helicóptero SH-60B, fue calificado por el mando de la operación como «de alto riesgo» debido a la presencia a bordo de tres fusiles de asalto AK-47 y munición suficiente para un enfrentamiento prolongado. Los 23 tripulantes, de nacionalidades colombiana, venezolana, panameña, ghanesa y filipina, fueron detenidos sin resistencia una vez neutralizado el puente de mando, aunque fuentes de la investigación apuntan que la orden de no disparar provino de una comunicación por satélite recibida minutos antes del abordaje, lo que sugiere que alguien con autoridad sobre la tripulación decidió evitar un baño de sangre.
La galería oculta en la popa del Arconian constituye una obra de ingeniería criminal que los expertos de la UCO no habían visto hasta ahora en el Atlántico. Se trata de un compartimento de 14 metros de largo por 4 de ancho y 3 de alto, construido entre el casco exterior y un falso mamparo interior, con acceso mediante una compuerta hidráulica disimulada bajo una capa de pintura marina idéntica al resto del casco. La galería disponía de ventilación forzada, iluminación LED, un sistema de drenaje para evitar la condensación y raíles metálicos para facilitar la carga y descarga de los fardos mediante carretillas. Los investigadores estiman que la construcción del compartimento requirió al menos seis semanas de trabajo en un astillero clandestino, probablemente situado en la costa occidental de África, y un coste de entre 300.000 y 500.000 euros.
Detrás de la operación se encuentra, según las fuentes policiales consultadas, el narco holandés Bolle Jos, uno de los traficantes más buscados de Europa y pieza clave en la logística transatlántica del cártel de Jalisco Nueva Generación. Jos, cuyo nombre real es Johannes Bolle, huyó de Países Bajos en 2019 tras la ejecución de su abogado en Ámsterdam, un episodio que la policía holandesa atribuyó a una disputa interna por el control de las rutas atlánticas. Desde entonces, Jos ha operado desde distintos países de África Occidental, donde ha tejido una red de contactos portuarios, funcionarios corruptos y empresas fantasma que le permiten mover cargamentos de cocaína desde América del Sur hasta Europa utilizando buques de bandera de conveniencia. La DEA estima que Jos ha gestionado el transporte de más de 100 toneladas de cocaína en los últimos cinco años, cifra que le situaría como el mayor logístico de droga del hemisferio occidental.
La conexión con el cártel de Jalisco Nueva Generación, el grupo criminal más violento y expansivo de México, eleva la dimensión geopolítica de la operación. Los analistas de Europol llevan meses documentando la penetración del cártel en la ruta atlántica africana, una vía que hasta 2020 estaba dominada por organizaciones colombianas y que los mexicanos han ido colonizando mediante una combinación de violencia extrema, sobornos a funcionarios portuarios y alianzas con redes locales de tráfico de personas y armas. El Arconian, según la hipótesis de la investigación, formaba parte de una cadena logística que incluye al menos otros tres buques de características similares que la UCO está intentando localizar en aguas del Atlántico central y que podrían transportar cargamentos de dimensiones comparables.
La cifra de 30.215 kilos supera ampliamente el anterior récord español, que databa de 2006 cuando se interceptaron 13.000 kilos de cocaína en un pesquero frente a las costas gallegas. A nivel mundial, el alijo más grande registrado hasta la fecha corresponde a las 23,5 toneladas incautadas por la Marina de Estados Unidos en aguas del Pacífico oriental en 2019, lo que convierte al Arconian en un firme candidato al récord absoluto, aunque las autoridades internacionales han pedido cautela hasta que se complete el pesaje oficial de todos los fardos, previsto para esta tarde en el puerto de Las Palmas donde el buque fue remolcado ayer. El valor de 812 millones de euros, calculado a precio de mercado europeo, podría incrementarse hasta los 1.200 millones si se tiene en cuenta el valor en la calle tras el corte y la distribución al por menor.
Los 23 detenidos fueron trasladados a dependencias de la Guardia Civil en Las Palmas, donde están siendo interrogados por equipos conjuntos de la UCO, la DEA y Europol bajo la supervisión de un juez de la Audiencia Nacional que ha decretado el secreto de sumario. Las primeras declaraciones, según fuentes próximas a la investigación, apuntan a que la tripulación fue reclutada en distintos puertos de América Central y África Occidental con la promesa de pagos de entre 20.000 y 50.000 euros por viaje, y que la mayoría desconocía la naturaleza exacta de la carga hasta que el buque se hizo a la mar desde Freetown. El capitán, un colombiano de 54 años con antecedentes por tráfico en Panamá y Ecuador, es considerado el enlace directo con la organización de Bolle Jos.
La operación Arconian representa, según el director general de la Guardia Civil, «un golpe histórico al narcotráfico internacional que demuestra la capacidad de las fuerzas de seguridad españolas para desarticular las redes más sofisticadas del crimen organizado global». Sin embargo, los expertos en política antidroga advierten de que los megaalijes, por espectaculares que sean, no reducen significativamente la oferta global de cocaína, cuya producción en Colombia, Perú y Bolivia ha alcanzado niveles récord con más de 2.000 toneladas anuales. La interceptación del Arconian es un triunfo operativo indiscutible, pero la pregunta que nadie quiere formular es cuántos barcos más navegan ahora mismo por el Atlántico con cargamentos similares en galerías ocultas que ningún satélite ha detectado.


