La trayectoria de Veintiuno arrancó en las calles empedradas del casco histórico de Toledo, en un circuito reducido de salas donde la banda fue forjando su identidad sin apenas referentes cercanos. Solo la estela de The Sunday Drivers, según recoge la entrevista, sirvió de mapa inicial para un proyecto que, quince años después, se ha hecho un hueco propio en festivales y salas de toda España.
La frase que da título a la conversación resume la tesis del grupo: sin financiación pública, el acceso a la cultura queda reservado a quienes pueden costearse los primeros años sin ingresos.
«La cultura o es subvencionada o no existe, o está condenada a ser ocupada por gente de familia rica», declaró un integrante de Veintiuno en El País.
Es una idea que conecta con debates recurrentes en el sector sobre la precariedad de los músicos emergentes y el peso de las ayudas autonómicas y estatales a la creación. La banda vincula su propio itinerario —de las salas pequeñas de Toledo a los escenarios de festivales de mayor formato— a esas condiciones materiales que, sostiene, determinan quién puede dedicarse a la música sin las urgencias económicas que golpean a buena parte de los proyectos emergentes.
El fomento público de la cultura tiene en España un marco consolidado desde la Transición: la Constitución de 1978 encomienda a los poderes públicos la promoción y tutela del acceso a la cultura, y el reparto competencial atribuye a las comunidades autónomas buena parte de las ayudas a la creación, complementadas por las convocatorias estatales del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música. Ese entramado de subvenciones es el que la banda defiende frente a los recortes que periódicamente afectan a estas partidas.
Formados hace tres lustros, Veintiuno ha construido un catálogo de letras que, según la entrevista, se cantan a pleno pulmón en directo, un rasgo que el grupo atribuye a la cercanía de sus textos con la experiencia cotidiana de su público. Su reivindicación converge con otras discusiones culturales del momento, como la que reabrió en redes un vídeo viral sobre Tony Judt en torno al papel del Estado del bienestar.
La entrevista con El País, publicada este viernes, cierra con la propia banda como argumento: su presencia en la escena musical quince años después de sus inicios en Toledo es, a su juicio, la prueba de que las políticas de apoyo a la cultura, cuando existen, amplían quién puede dedicarse a crear.
