El portavoz de la coalición encabezada por Arabia Saudí, el general Turki al Malki, situó el origen de la maniobra informativa hutí en el deterioro de su posición militar sobre el terreno. En declaraciones al diario Asharq Al Awsat, atribuyó el episodio a los reveses sufridos por la milicia en la provincia de Taiz.
"El revés que han sufrido los hutíes en la provincia de Taiz y las cuantiosas bajas humanas padecidas a manos de las fuerzas de la coalición han llevado a la milicia a buscar victorias ilusorias", declaró el general Turki al Malki, portavoz de la coalición liderada por Arabia Saudí.
Al Malki vinculó además el episodio con la situación interna en los territorios bajo control hutí, al afirmar que el movimiento armado busca "desviar la atención de la creciente ira popular" en las zonas sometidas a su dominio, entre ellas Saná. La capital yemení es el epicentro del poder hutí desde que estalló la actual guerra civil, hace más de una década.
El Gobierno de Adén cifró en 257 las operaciones militares ejecutadas contra posiciones hutíes, según recogió la cadena Al Yazira, y reivindicó la toma de la fortaleza de Sama, en el sureste de Taiz, tras "fieros combates". Según sus propios cálculos, esas acciones habrían causado al menos 700 combatientes hutíes muertos y la destrucción de 170 vehículos militares, un balance que corresponde a la versión de una de las partes en conflicto.
El trasfondo de este nuevo episodio se remonta al 3 de septiembre, cuando los hutíes lanzaron una ofensiva en las provincias de Taiz y Hodeida que les permitió tomar la ciudad portuaria de Moca y posiciones en torno al estrecho de Bab el Mandeb, uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo, por el que transita una parte sustancial del tráfico de petróleo y mercancías entre Asia, Europa y el golfo Pérsico. Ese avance supuso un golpe severo para las autoridades reconocidas internacionalmente, que desde entonces han intentado revertir la pérdida de terreno.
La coalición reconoció también bombardeos sobre "varios objetivos militares legítimos" en Saná, en respuesta al supuesto ataque hutí contra Riad. El conflicto yemení enfrenta desde 2014 al Gobierno reconocido internacionalmente con la milicia hutí respaldada por Irán, y se ha convertido en uno de los frentes de la pugna regional entre Riad y Teherán. Arabia Saudí lidera desde 2015 una coalición militar que interviene en el país para sostener al Ejecutivo de Adén frente al avance hutí.
El patrón de reivindicaciones y desmentidos cruzados ha marcado la guerra desde su inicio: tras la ruptura de la tregua auspiciada por la ONU en octubre de 2022, ambos bandos han difundido balances de bajas y avances imposibles de verificar de forma independiente, mientras el país sufre una de las mayores crisis humanitarias del mundo. El episodio de Taiz se inscribe en esa dinámica, en paralelo a otros focos de tensión regional como la alerta por posibles lanzamientos de misiles balísticos que denunciaron Corea del Sur y Japón este sábado.
Ni los hutíes ni fuentes independientes han aportado una versión verificable sobre el supuesto ataque a Riad ni sobre el balance real de bajas en Taiz, por lo que el relato de los combates sigue dependiendo de las versiones enfrentadas de Adén y del movimiento armado que controla Saná desde hace más de diez años.


