Nosy Komba, situada entre Nosy Be y la costa continental, tiene apenas 25 kilómetros cuadrados y su punto más alto es el volcán Antaninaomby, de 622 metros. Rodeada de rocas volcánicas y cubierta por selva densa, alberga unas 4.000 personas repartidas en aldeas con servicios modernos muy limitados, según la descripción del propio programa. El trabajo de campo puede extenderse a Nosy Be y a otras islas cercanas como Ampohana.
La jornada sigue un horario fijo: desayuno entre las 6:00 y las 8:00, actividades hasta las 11:30, pausa para comer y una segunda sesión por la tarde que se prolonga hasta las 16:00 o las 17:00, sin superar nunca las seis horas diarias de trabajo. Los fines de semana quedan libres. La organización pide buena forma física, ya que buena parte de las tareas se realiza a pie por las laderas de la isla.
Entre las labores figuran el seguimiento de fauna con identificación de especies, paseos nocturnos de investigación, la plantación y cuidado de manglares, el diseño de huertos de permacultura y la retirada de plantas invasoras. Los datos recogidos por los voluntarios sirven para detectar cambios en el estado del bosque y en las poblaciones animales, así como posibles amenazas locales.
El coste del programa no es menor. IVHQ cobra una cuota de inscripción de 329 dólares más una tarifa que varía según la estancia: 495 dólares por una semana, 790 por dos, 1.380 por cuatro y 3.740 por doce semanas, el máximo permitido. A esas cantidades se suma un 5% en concepto de comisión bancaria internacional, y la tarifa debe abonarse 30 días antes del inicio.
El precio incluye alojamiento, tres comidas diarias de estilo malgache, recogida en el aeropuerto, orientación inicial y asistencia de emergencia las 24 horas. Quedan fuera los vuelos, el visado, el seguro de viaje obligatorio, las vacunas, el certificado de antecedentes penales y el traslado de regreso al aeropuerto. El alojamiento son cabañas abiertas construidas por la población local, con literas compartidas por un máximo de cinco voluntarios del mismo sexo, ducha fría e inodoro.
Una selva que perdió el 44% de su cubierta
La urgencia tiene respaldo científico. Un estudio de Ghislain Vieilledent y otros investigadores, publicado en la revista Biological Conservation, concluyó que Madagascar perdió el 44% de su cubierta forestal natural entre 1953 y 2014, con la agricultura de tala y quema, la extracción de madera para carbón vegetal y los incendios entre las principales amenazas. El trabajo añadía que casi la mitad del bosque restante se encuentra a menos de 100 metros de su borde.
La fauna endémica resulta especialmente vulnerable. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), 103 de las 107 especies de lémures que sobreviven están amenazadas, y un 31% se halla en peligro crítico de extinción. En Nosy Komba, sin embargo, los vecinos consideran sagrados a estos primates y mantienen desde hace generaciones un tabú que prohíbe cazarlos. La protección de especies amenazadas en territorio español alcanza sanciones severas, como las que recoge el régimen por el que la caza de pájaros con liga puede acarrear hasta 200.000 euros de multa.
La estrategia de la UICN para los lémures, junto con su iniciativa Save Our Species, ha reunido más de 7,5 millones de dólares y ha permitido plantar más de 2,7 millones de árboles en Madagascar desde 2017, según datos de la propia organización. Los programas de voluntariado en Nosy Komba comienzan el primer y el tercer lunes de cada mes y admiten a mayores de 18 años, además de jóvenes de 16 y 17 siempre que viajen acompañados por un progenitor o tutor con consentimiento por escrito.


