La proclamación exhorta a los ciudadanos a honrar a las víctimas del socialismo y el comunismo y a defender lo que el texto describe como el estilo de vida estadounidense frente a una amenaza ideológica. El objetivo declarado, según el documento, es "recordar sus vidas y defender las libertades que les fueron negadas".
"Por la presente, proclamo la semana del 1 al 7 de noviembre como la Semana Anticomunista. Hago un llamamiento a todos los estadounidenses para que se mantengan firmes en su defensa contra cualquier amenaza al estilo de vida estadounidense y para que protejan nuestra ardiente llama de libertad de la oscuridad del comunismo", reza la proclamación de la Casa Blanca.
El anuncio coincidió con los mensajes de Trump en sus redes sociales esa misma jornada, donde dijo seguir los resultados "previos a las elecciones" a través de la cadena Fox. La Administración había instado horas antes a los ciudadanos a acudir a votar y, poco después, difundió la disyuntiva entre "ser comunista o patriota", una fórmula que resume el tono de la campaña oficialista en las semanas previas a los comicios.
Entre los mensajes de la Casa Blanca durante la jornada figuró una tabla que contrapone lo que la Administración llama "sentido común", atribuido a Trump y al Partido Republicano, frente a posiciones calificadas de "comunistas" y atribuidas a los demócratas. Las publicaciones oficiales resaltaron además lo que el Gobierno considera logros de su gestión, en particular el endurecimiento de los controles migratorios en la frontera y el descenso de los índices de criminalidad.
El recurso al discurso anticomunista no es nuevo en la estrategia del mandatario, que durante la campaña legislativa apeló reiteradamente a esa narrativa para movilizar a las bases republicanas en todo el país. La invocación del fantasma comunista tiene larga trayectoria en la política estadounidense, desde la cruzada del senador Joseph McCarthy en los años cincuenta, que persiguió a presuntos simpatizantes del comunismo en el Gobierno y en la cultura.
Las encuestas divulgadas el lunes situaban a los demócratas con una ventaja de ocho puntos sobre los republicanos en la intención de voto para la Cámara de Representantes, con un 46% frente a un 38%. La misma medición ubicaba la aprobación de Trump en el 32%, un nivel cercano a los más bajos de su trayectoria política, mientras que el costo de la vida aparecía entre las principales preocupaciones de los votantes.
La disputa por el Senado permanecía abierta en varias contiendas estatales competitivas, cuyo resultado podía determinar si el oficialismo conserva el control de esa cámara o si la oposición amplía su capacidad de contrapeso frente al Ejecutivo. Ese escenario conecta con las siete contiendas al Senado que definirán si los demócratas limitan a Trump, determinantes para el margen de maniobra de la Casa Blanca en los próximos dos años.
El cierre escalonado de los centros de votación, que comenzó por Kentucky e Indiana, marcó el inicio de una jornada en la que los resultados de la Cámara de Representantes y del Senado definirán el equilibrio de poder en Washington.
