Los tres autores materiales llegaron al polígono a bordo de un Kia Picanto rojo cereza, entraron en la nave, prendieron fuego y grabaron el incendio con un teléfono móvil. El vídeo de las llamas devorando el local acabó en manos de Dylan Earl, un joven de 20 años captado directamente por Wagner a través de la aplicación de mensajería Telegram, y que a su vez había reclutado a otros para ejecutar el sabotaje sin revelarles el origen real del encargo.
El objetivo no era un almacén cualquiera: entre lo almacenado figuraba ayuda humanitaria y equipamiento de la red de satélites Starlink con destino a Ucrania, material considerado sensible en el contexto de la guerra iniciada por Rusia en febrero de 2022. El vídeo del incendio se convirtió en una de las piezas de la investigación británica sobre el suceso.
El mecanismo descrito —captación de jóvenes sin experiencia a través de aplicaciones de mensajería, desconocimiento del cliente final y pago por un trabajo puntual— responde a la externalización de operaciones de sabotaje antes reservadas a agentes profesionales, ahora delegadas en intermediarios ocasionales reclutados en línea. La fórmula permite a los servicios rusos distanciarse operativamente de los hechos y dificulta establecer una cadena de mando clara hasta el Kremlin.
Wagner fue fundada por Yevgeni Prigozhin y quedó reconvertida tras su muerte en 2023 en una red de estructuras paramilitares y de inteligencia vinculadas al Estado ruso. El caso londinense se enmarca en la serie de incidentes que Reino Unido investiga como parte de una campaña más amplia de sabotaje atribuida a actores próximos a Moscú, desde actos de vandalismo hasta intentos de incendio en instalaciones logísticas relacionadas con el suministro a Ucrania.
El recurso a jóvenes sin antecedentes ni formación añade opacidad a la instrucción: al no saber para quién trabajaban, los ejecutores materiales difícilmente podían aportar información útil sobre la estructura que los había contratado, lo que complica la determinación de responsabilidades más allá de los autores directos del incendio.
El episodio conecta con otras amenazas a la presencia y a los intereses occidentales fuera de sus fronteras, un terreno en el que esta semana la Fiscalía de Emiratos confirmó como atentado terrorista el ataque en un vuelo de Flydubai. La seguridad de las cadenas de suministro de ayuda y material militar hacia Ucrania se ha convertido en objetivo recurrente de acciones encubiertas en suelo europeo, según la reconstrucción de la investigación británica, que presenta el incendio de Londres como un eslabón de esa estrategia.


