El músico, que ingresó hace un año en Fort Dix y figura como recluso número 37452-054, dispondría de internos que le cocinan, le limpian, le hacen la cama y le lavan la ropa, e incluso uno que le da masajes, según los relatos recogidos por NBC News. Las fuentes, que pidieron anonimato para hablar sin consecuencias, describen un sistema de pagos que iría a parar a las cuentas del economato de los presos que le prestan servicios, con un gasto que el rapero cifraría en miles de dólares al mes.
"Hay hombres que le cocinan, que le limpian y que le hacen la cama. Incluso hay un hombre que le da masajes al estilo chino", relató a NBC News uno de los reclusos que compartió módulo con Combs.
Según los mismos testimonios, el fundador de Bad Boy Records usaría teléfonos móviles de contrabando para navegar por Instagram y recibir contenido sexual explícito enviado por una antigua pareja, habría comprado a otros presos un antidepresivo buscado por sus efectos estimulantes y accedería los fines de semana a una reserva de licores de alta gama que los guardias introducían de forma clandestina. Uno de los internos lo sintetizó así: "Parece una locura, pero claro, es 'Diddy'".
Preguntado por estas informaciones, el portavoz del rapero restó trascendencia al episodio. La Oficina de Prisiones, por su parte, invocó razones de "privacidad, seguridad y confidencialidad" para no pronunciarse sobre el caso de un recluso concreto.
"El escrutinio constante de cada detalle de la vida de Sean Combs en prisión ha llegado al punto en que los medios de comunicación presentan la vida cotidiana en la cárcel como noticia. La única noticia real es que Sean continúa cumpliendo su condena mientras espera la decisión del tribunal sobre su apelación", declaró el portavoz del rapero.
Horas después de conocerse estos detalles, el portal TMZ informó de que Combs fue trasladado a la Unidad de Aislamiento del centro, un procedimiento que, según esa misma web, suele activarse mientras los funcionarios abren una investigación interna. No es la primera vez: el pasado julio pasó un tiempo en aislamiento, con movimiento limitado y poco contacto, tras verse envuelto en una pelea con otro preso.
El episodio coincide con una investigación sobre el contrabando en el propio Fort Dix. La semana pasada, cinco personas —entre ellas dos funcionarios penitenciarios— fueron acusadas de dirigir una red que introducía cuchillos, marihuana y móviles mediante drones que arrojaban la mercancía al patio o a los tejados del complejo. Entre los sospechosos figuran reclusos y cómplices externos que habían estado internados en el centro.
La condena a Combs, por facilitar transporte para el ejercicio de la prostitución, quedó lejos de los cargos más graves que la Fiscalía le imputó inicialmente, entre ellos conspiración para tráfico sexual, de los que el jurado lo absolvió. El caso recuerda otros episodios de reclusos célebres cuyas condiciones carcelarias han alimentado la polémica en Estados Unidos, desde los traslados de capos como John Gotti hasta las medidas de aislamiento impuestas al financiero Bernard Madoff tras su condena en 2009. Combs continúa a la espera de que el tribunal resuelva su apelación.


