Las manifestaciones francesas comenzaron entre el profesorado y se extendieron hasta derivar en disturbios de mayor alcance, alimentados por el rechazo social a los recortes presupuestarios del Gobierno de Emmanuel Macron. El trasfondo es la escalada de precios que ha erosionado el poder adquisitivo de los hogares, en un contexto europeo donde el coste de la vida ha crecido en los últimos años por encima de los salarios en varios países del euro.
Niño Becerra sitúa el precedente en el otoño de 1795, seis años después del estallido revolucionario de 1789. «El Gobierno de Francia se hallaba en una situación muy precaria debido al fortísimo aumento que había experimentado la inflación y que había desembocado en un palpable descontento popular», escribió el economista en el primero de sus cuatro mensajes.
El hilo continúa describiendo cómo, en aquel contexto, los partidarios de la restauración monárquica aprovecharon el malestar para reorganizarse dentro de la Convención Nacional, el parlamento revolucionario de la época. Según relata Niño Becerra, el Gobierno respondió modificando la composición de la cámara, una maniobra que dejó a los monárquicos en minoría.
Esa derrota institucional, añade el economista, precipitó un desenlace violento: los sectores monárquicos optaron por el alzamiento armado para derrocar al Ejecutivo revolucionario y reinstaurar la monarquía. El episodio corresponde a la insurrección del 13 vendimiario del año IV, que puso a prueba la supervivencia misma del proceso revolucionario francés.
Fue entonces cuando entró en escena un joven general de artillería, Napoleón Bonaparte, encargado por el Gobierno de neutralizar la insurgencia. Niño Becerra subraya la desproporción de fuerzas en el segundo tramo de su hilo.
«Napoleón Bonaparte, general de brigada de artillería, fue finalmente encargado de neutralizar la insurgencia monárquica, lo que consiguió, a pesar de que los insurgentes monárquicos superaban a las fuerzas gubernamentales en una proporción de cinco a uno, gracias a la artillería. Napoleón salvó la Revolución», Santiago Niño Becerra, economista y catedrático de la Universidad Ramón Llull.
La victoria militar de Bonaparte consolidó su prestigio y allanó el camino que, cuatro años más tarde, el 9 de noviembre de 1799, le llevaría a protagonizar el golpe de Estado que puso fin a la Convención y dio paso al Consulado, con Napoleón como primer cónsul. Aquel giro cerró la fase más turbulenta de la Revolución Francesa e inició una concentración de poder que desembocaría en el Imperio.
Un patrón entre dos crisis inflacionarias
El paralelismo trazado por Niño Becerra no equipara directamente ambos episodios, separados por más de dos siglos, sino que apunta a un patrón: una inflación sostenida erosiona la legitimidad de los gobiernos y genera un descontento que pueden capitalizar actores políticos muy diversos, desde fuerzas restauracionistas hasta liderazgos emergentes. El economista no precisó en su hilo si considera que la crisis actual podría derivar en consecuencias institucionales comparables.
El hilo, publicado el jueves 23 de octubre, tuvo notable repercusión por la trayectoria de Niño Becerra como analista que anticipó la crisis financiera de 2008, lo que le ha otorgado una audiencia atenta a sus lecturas sobre los ciclos económicos y sus consecuencias sociales y políticas.
La inflación europea ya había desencadenado episodios de contestación social antes de 2026. Las protestas de los «chalecos amarillos», iniciadas en Francia en noviembre de 2018 contra el alza de los carburantes, se convirtieron en el mayor movimiento de malestar económico del mandato de Macron y forzaron al Gobierno a retirar la subida prevista del impuesto sobre los combustibles.
La situación francesa se enmarca en un contexto europeo de tensión por el encarecimiento de la energía y de los bienes de primera necesidad, un fenómeno que también ha marcado el debate energético en España, donde compañías como Endesa han pedido revisar el calendario de cierre de las centrales nucleares de Almaraz, Ascó y Vandellós por su impacto en el precio de la electricidad.
Las protestas en Francia se iniciaron en el ámbito educativo, con movilizaciones del profesorado que denunciaban el deterioro de las condiciones laborales y los recortes del gasto público, antes de extenderse a otros sectores y desembocar en disturbios en varias ciudades. El Gobierno de Macron ha defendido la necesidad de ajustar las cuentas públicas en un contexto de presión sobre la deuda y el déficit franceses, una postura que ha chocado con el rechazo de sindicatos y colectivos sociales.
El hilo de Niño Becerra se cerró con la comparación entre ambos episodios de crisis inflacionaria, sin que el economista añadiera una quinta entrega al análisis publicado el 23 de octubre en la red social X.