El montaje combina la imagen real del actor con una voz clonada y una manipulación de los movimientos faciales para sincronizarlos con un audio ajeno, de modo que Banderas parece pronunciar palabras que nunca dijo. La técnica, cada vez más accesible con herramientas de generación audiovisual, busca que el vídeo resulte creíble a primera vista.
La pieza no se limita a la figura del actor malagueño. En la grabación aparece también José Luis Marín, presentado como el médico responsable del producto contra los problemas de próstata, cuya participación tampoco es real: según la investigación de Maldita.es, su imagen y su voz fueron manipuladas a partir de otro vídeo publicado en diciembre de 2025. Marín ejerce la psiquiatría, no la urología, pese a que el montaje lo presenta como autoridad en el tratamiento de la próstata.
El objetivo del engaño se aclara al examinar el destino final del espectador. El vídeo incluye un enlace hacia una web que se anuncia como una «clínica urológica en México» y que aporta escasos elementos de verificación: apenas datos de contacto, tres nombres de supuestos especialistas y un formulario que solicita nombre completo y número de teléfono. En el espacio reservado al logotipo figura literalmente la palabra «logo», y el enlace a la política de privacidad no funciona.
El recurso a rostros conocidos y a supuestos avales médicos no es una técnica nueva en la promoción de productos de salud sin respaldo científico, pero la inteligencia artificial generativa ha abaratado y perfeccionado su ejecución. La combinación de un actor popular con la apariencia de una recomendación clínica busca reducir las reticencias del espectador, según el análisis de Maldita.es, que subraya que ninguno de los dos protagonistas realiza las declaraciones que el vídeo les atribuye.
La suplantación de personas conocidas mediante IA para dar credibilidad a productos dudosos se ha extendido en los últimos años en plataformas como Facebook, Instagram o YouTube, donde verificadores y organismos sanitarios vienen advirtiendo del riesgo de que los usuarios faciliten datos personales o adquieran productos sin garantías. La aparición de una cara familiar puede hacer que el espectador baje la guardia ante un reclamo que la persona jamás ha respaldado.
La vigilancia sobre este tipo de manipulaciones conecta con otros terrenos donde la ciencia exige rigor frente a la desinformación, desde el análisis de fenómenos como el reciente hallazgo de un fotón de 300 teraelectronvoltios que desconcierta a los astrónomos, hasta la revisión de creencias sin base empírica, como la que descarta que la mala letra implique más creatividad.

