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Ignatieff pide a Xi Jinping y Trump un pacto para que la IA no acceda a armas atómicas

El intelectual que preside el consejo asesor del Instituto de Ética de la IA de Oxford alerta sobre el acceso de la inteligencia artificial a los arsenales nucleares.

Por Redacción de El Hemiciclo·
2 min de lectura
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El intelectual canadiense Michael Ignatieff, que preside el consejo asesor del Instituto de Ética de la Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford, ha reclamado un entendimiento entre Estados Unidos y China para impedir que los sistemas de inteligencia artificial accedan a los arsenales atómicos. En una entrevista, el académico llegó a afirmar que reza para que Xi Jinping y Donald Trump pacten mantener la IA fuera de las cadenas de mando nuclear.

Ignatieff, historiador y exlíder del Partido Liberal de Canadá, ha centrado buena parte de su reflexión reciente en los dilemas éticos que plantea la irrupción de sistemas autónomos en la toma de decisiones estratégicas. Su cargo al frente del consejo asesor del instituto oxoniense lo sitúa como una de las voces académicas con acceso a los debates que agitan a gobiernos y a las grandes tecnológicas sobre los límites de la inteligencia artificial en el terreno militar.

El principio de que una decisión de lanzamiento nuclear requiere siempre intervención humana ha sido uno de los pocos consensos estables entre potencias rivales desde los primeros acuerdos de control de armamento de la Guerra Fría. La irrupción de sistemas capaces de procesar información militar a velocidades muy superiores a las humanas amenaza con erosionar ese principio si no se codifica expresamente su exclusión de las cadenas de mando nucleares, un riesgo sobre el que Ignatieff ha querido alertar.

Tras la crisis de los misiles de Cuba de 1962, la línea directa entre Washington y Moscú sirvió durante décadas para reducir el riesgo de escaladas accidentales entre potencias nucleares. La lógica que ahora se traslada al debate sobre la IA es similar: evitar que un error de cálculo, esta vez de una máquina y no de un ser humano, desencadene una respuesta irreversible. Estados Unidos y China, las dos potencias con mayor capacidad de desarrollo en inteligencia artificial, no han suscrito hasta la fecha un acuerdo específico sobre el uso de estos sistemas en infraestructuras de mando y control nuclear.

La advertencia coincide con una carrera tecnológica que ya se extiende a otros ámbitos de la defensa. Washington ha reconocido recientemente el despliegue de armas en el espacio que asegura estar listas para su uso, mientras Rusia emplea en el frente ucraniano drones de motor a reacción capaces de superar los 600 km/h, un arma frente a la que Kiev solo logra interceptar seis de cada diez unidades. Ambos ejemplos ilustran hasta qué punto la automatización y la velocidad de procesamiento están alterando ya los equilibrios militares convencionales, antes de que exista un marco regulatorio internacional consolidado.

Sin marco normativo internacional vinculante

No existe hoy un tratado internacional que regule específicamente el uso de inteligencia artificial en sistemas de armamento nuclear. Naciones Unidas ha abierto debates en foros como la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales, pero sin alcanzar compromisos vinculantes entre las potencias nucleares. La propuesta que defiende Ignatieff apunta precisamente a esa laguna: un pacto bilateral entre Estados Unidos y China que, aunque no resuelva el problema a escala global, establecería un precedente entre los dos actores con mayor capacidad tecnológica y militar del planeta.

La ausencia de este tipo de acuerdos contrasta con la velocidad a la que avanzan los desarrollos militares de IA en ambos países. El vacío normativo alimenta el temor expresado por Ignatieff: que la competencia estratégica entre Washington y Pekín impida alcanzar el consenso mínimo que sí existió, con todas sus limitaciones, entre Estados Unidos y la Unión Soviética durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

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