La velocidad distingue a estos aparatos de los drones iraníes Shahed, de motor de combustión, que Rusia ha empleado de forma masiva desde el inicio de la invasión a gran escala en febrero de 2022 y que Ucrania aprendió a interceptar mediante cazas, artillería antiaérea y sistemas de guerra electrónica. Al desplazarse a velocidades varias veces superiores, los nuevos vehículos reducen drásticamente el margen de reacción de unas defensas concebidas para amenazas más lentas.
Uno de estos drones alcanzó el 21 de agosto un centro comercial en Krivói Rog, ciudad natal del presidente Volodímir Zelenski, minutos después de que un primer aparato impactara contra unos almacenes de la localidad. Dieciséis personas murieron en el ataque, uno de los más letales sufridos por la ciudad desde el inicio de la guerra.
La ofensiva contra la localidad natal del mandatario ucranio se enmarca en una campaña de bombardeos rusos contra infraestructuras civiles y energéticas. Kiev ha denunciado de forma reiterada que estos ataques buscan minar la moral de la población de cara al invierno, cuando el suministro eléctrico se vuelve más vulnerable.
La disparidad tecnológica entre atacante y defensor ha marcado buena parte de esta guerra, iniciada en 2014 con la anexión rusa de Crimea y agravada con la invasión de 2022. Pese a la superioridad numérica y presupuestaria de Moscú, Kiev ha logrado sostener el frente gracias a la innovación en drones propios, la ayuda occidental y el uso de sistemas de guerra electrónica.
La respuesta ucrania, aún en desarrollo
El dron a reacción representa, sin embargo, un salto que erosiona esa ventaja relativa. Los interceptores ucranios, muchos de ellos también drones de bajo coste desarrollados de forma acelerada durante el conflicto, fueron concebidos para neutralizar aparatos con velocidades muy inferiores a las que ahora despliega Rusia, lo que obliga a Kiev a rediseñar su arquitectura defensiva en plena guerra. La producción masiva de sistemas antidrones baratos, una industria que ha crecido con el respaldo de aliados europeos y estadounidenses, deberá revisarse tanto en su fabricación como en su despliegue.
Ese desgaste coincide con los debates internos que atraviesan la ayuda militar occidental en varias capitales europeas y en Washington sobre su continuidad y magnitud. El uso de estas aeronaves no es el único episodio reciente que agita el frente: el ataque ruso que causó varios muertos y heridos en Kryvyi Rih ilustra la presión sostenida sobre las ciudades ucranias.
La tasa de penetración de cuatro de cada diez, según la Fuerza Aérea ucrania, ya demostró su letalidad sobre el terreno el 21 de agosto en Krivói Rog, donde el escudo antiaéreo no impidió el impacto que costó dieciséis vidas.


