Los dos buques, construidos sobre una plataforma naval común pero con equipamiento diferenciado, no cumplirán la misma función. El primero está orientado a la guerra contra minas —búsqueda, identificación y neutralización de artefactos explosivos en el mar—, una tarea especialmente delicada cuando se desarrolla en las proximidades de puertos o en zonas de tráfico intenso. Al no llevar dotación a bordo, permite realizar esas maniobras sin exponer a personal en la zona de mayor riesgo.
El segundo vehículo incorporará sonares y sensores para localizar actividad submarina, con capacidad de vigilancia en accesos costeros y proximidades portuarias. Ambas unidades compartirán una estación central de control, y el acuerdo de 13 millones de euros incluye dos lotes de repuestos, documentación técnica, programas de formación para el personal marroquí y soporte técnico.
La llegada de estos sistemas cubre ámbitos en los que la Marina Real dispone de capacidades especializadas más limitadas, según la descripción de la operación. En el terreno de las minas, un solo artefacto puede comprometer el tránsito por una zona y obliga a complejas tareas de localización y retirada; los drones pueden asumir parte de ese trabajo a distancia y revisar rutas y accesos portuarios antes de que entren otras embarcaciones. En lo antisubmarino, la adquisición funciona como complemento de medios ya existentes.
Ni el fabricante ni el modelo exacto de los dos USV han sido comunicados oficialmente: la información comercial se ha mantenido confidencial, por lo que no puede afirmarse que Marruecos vaya a recibir un modelo determinado. Entre las hipótesis que han circulado figura el Inspector 125 de la firma Exail, especializado en operaciones contra minas, aunque sus características conocidas no encajan del todo con las funciones antisubmarinas descritas para una de las dos unidades.
La generación holandesa prevista entre 2028 y 2030
Países Bajos presentó en 2025 su visión sobre una nueva generación de embarcaciones no tripuladas de unos 12 metros, capaces de combinar tareas contra minas y contra submarinos, con una entrada en servicio situada entre 2028 y 2030. Esa circunstancia abre la posibilidad de que el contrato marroquí esté vinculado a sistemas todavía en una fase previa a su despliegue generalizado. Lo que sí consta es que la construcción y la integración de los equipos se realizarán en territorio neerlandés antes de la entrega a Marruecos.
El procedimiento neerlandés de autorización de exportaciones de material militar exige valorar el contexto regional del país receptor. Según la evaluación realizada para la operación, estos sistemas están concebidos para funciones defensivas ligadas a la protección marítima. Las autoridades neerlandesas consideraron que el material no supone una amenaza en el marco de las tensiones entre Marruecos y Argelia, dada la naturaleza especializada de sus funciones, y concluyeron que las características de los equipos tampoco se corresponden con el escenario del conflicto con el Frente Polisario.
La relación naval entre Rabat y La Haya no parte de cero. Marruecos ya había incorporado anteriormente material de origen neerlandés a su Marina Real, entre el que figuran tres fragatas de la clase Sigma y embarcaciones rápidas Damen Interceptor 1503. La compra de los dos USV se inscribe así en una trayectoria de cooperación bilateral en el sector de defensa naval.
El Estrecho, paso entre el Atlántico y el Mediterráneo
La posición geográfica de Marruecos explica el peso que otorga a la vigilancia marítima. El país cuenta con fachada atlántica y mediterránea, y su franja norte limita con una de las rutas de navegación más transitadas del planeta: el Estrecho de Gibraltar, paso obligado entre el Atlántico y el Mediterráneo por el que circula una parte sustancial del comercio marítimo y del tránsito energético hacia Europa. Cualquier incidente con minas o actividad submarina no identificada en ese corredor tendría repercusiones que trascienden lo estrictamente militar.
La incorporación de sistemas autónomos sigue la estela de otras marinas que han priorizado la robótica naval para reducir riesgos operativos y costes frente a los sistemas tripulados tradicionales. La adquisición de USV permite ampliar la cobertura de espacios marítimos sin necesidad de mantener de forma permanente un buque convencional realizando esa labor de vigilancia, una lógica que gana peso en accesos costeros y aproximaciones a instalaciones portuarias.
El refuerzo militar marroquí se produce en un contexto marcado por la rivalidad con Argelia, que rompió relaciones diplomáticas con Rabat en 2021 por, entre otros motivos, la disputa sobre el Sáhara Occidental y el papel del Frente Polisario. La compra se enmarca además en la competencia de potencias europeas por mantener vínculos privilegiados con Rabat, un socio clave en el control del tráfico por el Estrecho, en línea con operaciones recientes de material de defensa europeo hacia países del Magreb.
Esta cooperación en defensa convive con la relevancia diplomática de Marruecos como interlocutor migratorio de Europa, un papel que atraviesa buena parte de las relaciones bilaterales en el Mediterráneo occidental, como refleja el debate político europeo sobre políticas migratorias que ilustra el caso de la socialdemócrata Andersson y su mano dura en Suecia.
Con los dos nuevos buques no tripulados, cuya identidad técnica precisa permanece reservada, Marruecos suma una capacidad especializada de detección de minas y amenazas submarinas que, según la evaluación neerlandesa, tendrá funciones defensivas de protección marítima, y que se construirá e integrará en Países Bajos antes de su entrega a la Marina Real.


