Autobuses de una empresa de transporte del oeste de Suecia circularon durante la campaña con el mensaje «¿Echas de menos Mogadiscio? La asignación de retorno te ayudará a volver a casa», un anuncio pagado por SD que aludía a las ayudas estatales para el retorno voluntario de extranjeros: 31.000 euros por adulto, 2.250 por menor, 45.450 por pareja y 54.500 por familia, según la cuantía citada en la campaña. Más de veinte conductores de autobús somalíes se dieron de baja tras la publicación de los anuncios.
Lejos de confrontar frontalmente ese discurso, Andersson ha adoptado un tono similar. La líder socialdemócrata reivindicó el giro migratorio que su partido impulsó tras la crisis de los refugiados de 2015 junto a los Verdes —«Fue el Partido Socialdemócrata junto con los Verdes quienes cambiaron la política migratoria en Suecia», afirmó— y sostuvo en distintos mítines que «la inmigración ha generado problemas de integración y de delincuencia», comprometiéndose a que con su formación «la inmigración no aumentará». Sigue así los pasos de la vecina danesa Mette Frederiksen, cuya socialdemocracia endureció el asilo desde 2019.
Tras los socialdemócratas, SD ocuparía el segundo puesto con un 19% de intención de voto, seguido de los Moderados de Ulf Kristersson con un 18%. Otros cuatro partidos —Vänsterpartiet, Centerpartiet, Miljöpartiet y Kristdemokraterna— rondarían el 7% cada uno. De confirmarse, la diferencia numérica respecto a las elecciones de 2022 sería mínima, aunque la dinámica de bloques podría alterarse: el centro ideológico sumaría un crecimiento combinado de tres puntos y hasta 15 escaños adicionales.
La aritmética parlamentaria resultaría compleja. La mayoría absoluta se fija en 175 escaños, y la suma de socialdemócratas (106), Vänsterpartiet (21) y Miljöpartiet (18) alcanzaría solo 145, quedando en el aire los 26 diputados que obtendría Centerpartiet, hoy en la oposición a Kristersson. Este partido, con la llave de un eventual gobierno, podría inclinarse por un gabinete socialdemócrata para frenar la influencia de SD sobre la agenda de los moderados, mientras que el bloque de la derecha, pese a un previsible aumento de voto de al menos tres puntos para Kristersson, perdería en conjunto 17 escaños.
Fundado en 1988 al calor de movimientos de extrema derecha surgidos en el centro y norte de Europa, y con un ascenso marcado tras la crisis de refugiados de 2015, SD forma parte desde 2022 del acuerdo de gobierno «Tidö» con moderados, demócrata-cristianos y liberales, aunque sin ocupar carteras ministeriales. Su líder, Jimmie Åkesson, exigiría la mitad de todos los ministerios, incluidos tres de los cuatro más relevantes y el de Migración, si su partido entrase formalmente en el Ejecutivo; sus socios le han prometido «negociaciones», y Åkesson se muestra convencido de llegar a primer ministro en 2030.
Frente a ese escenario, Andersson ha ofrecido cooperar con todas las formaciones salvo con SD, sobre la base de tres principios que resume como seguridad, prosperidad y cohesión.
«En tiempos difíciles, Suecia debe mantenerse unida. Nos negamos a aceptar que nuestro país esté dividido y que se hagan diferencias entre personas», declaró Magdalena Andersson, líder del Partido Socialdemócrata sueco.
Los cuatro años del acuerdo Tidö han polarizado socialmente al país, con una de las tasas de desempleo más altas de la Unión Europea y datos de criminalidad de clanes que el pacto describe como inasumibles. La política de «reemigración» impulsada en ese periodo obligó a SD a pedir disculpas y a los demócrata-cristianos a declarar su «arrepentimiento», después de que adolescentes integrados pero de padres extranjeros recibieran órdenes de deportación, lo que provocó manifestaciones en varias ciudades contra lo que calificaron de excesos.
La participación de SD en la tarea de gobierno, aun sin ministerios propios, no ha moderado al partido sino que ha incrementado su influencia sobre la agenda política. El fin del cordón sanitario que trajo el acuerdo Tidö no ha supuesto el fin de la democracia sueca, pero sí ha normalizado políticamente a la derecha radical y modificado en buena parte la cultura política del país. El giro migratorio de los grandes partidos no es exclusivo de Suecia: en España, Frontex cifró en 15.909 las entradas por el Estrecho, un 34% más, en un debate que también tensiona a los bloques.

