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Una viuda india gana descalza una carrera de 3 kilómetros para pagar los útiles de su hija

Ramabai Ranveer, de 47 años, obtuvo un premio de $31 tras correr sin zapatillas: «Mi único deseo era ganar este premio», declaró a la BBC.

Por Redacción de El Hemiciclo· · Actualizado:
4 min de lectura
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Ramabai Ranveer, viuda de 47 años residente en el estado indio de Maharashtra, ganó en agosto una carrera de 3 kilómetros corriendo descalza, después de que sus zapatillas comenzaran a resbalarle a mitad de trayecto y decidiera quitárselas para seguir. El premio, de $31, lo destinó a comprar libros y material escolar para su hija menor, a quien no había podido dar dinero para estudiar. El caso se convirtió en un fenómeno viral en India.

La carrera, disputada en la categoría de 30 a 60 años, no formaba parte de ningún plan deportivo. Según relató Ranveer a la BBC desde su casa, fue su hija mayor, Pooja, de 22 años, quien la animó a inscribirse: "Mi hija vino a verme temprano por la mañana y me dijo: 'Mamá, quiero participar en una carrera'". La joven le explicó que el premio ayudaría con sus estudios, y también corrió: quedó segunda en su categoría y se llevó $20. La decisión de la madre, sin embargo, respondía a una urgencia distinta, ligada a su hija menor, Arati, estudiante de Informática en la universidad.

"Mi hija menor vive en otra ciudad. No podía darle dinero para comprar libros, y por eso no me habló por teléfono durante ocho días. Así que decidí que tenía que correr y ganar la carrera. Mi único deseo era ganar este premio", declaró Ramabai Ranveer a la BBC.

Ranveer se hizo cargo del hogar en 2012, tras la muerte de su esposo, y desde entonces ha subsistido con trabajos informales: recolección de soja y garbanzos en campos ajenos y venta de cúrcuma cocinada por ella misma. Abandonó la escuela a los 13 años. "Creo que mientras esté viva, debo hacer todo lo posible para darles a mis hijas una buena educación", afirmó a la cadena británica.

Tanto Pooja como Arati se preparan para exámenes de acceso a la función pública, una de las pocas vías hacia la clase media en el país más poblado del mundo, con estabilidad laboral, pensión y subsidios de vivienda. Pooja aspira a ingresar a la policía en la misma academia donde su madre trabaja como cocinera; Arati se prepara para las pruebas del servicio civil, consideradas entre las más competitivas de India.

Empleos estatales como única vía

El esfuerzo de Ranveer por reunir una suma modesta se produce en un contexto de descontento generalizado con el sistema educativo. Según un informe gubernamental difundido el mes pasado, solo el 8% de los graduados universitarios logra emplearse en áreas afines a su formación. La tasa de desempleo entre egresados universitarios alcanza el 29.1%, nueve veces superior a la de quienes nunca cursaron estudios superiores.

La confianza en los procesos de selección también se ha erosionado. En mayo, el Examen Nacional de Elegibilidad y Admisión para estudios de medicina, uno de los más relevantes del país, fue cancelado tras detectarse una filtración, lo que obligó a casi dos millones de aspirantes a repetir la extenuante prueba. Millones de estudiantes invierten años y pequeñas fortunas en preparar estos exámenes que determinan su vida futura.

El malestar estudiantil ha alimentado un movimiento liderado por jóvenes conocido como Partido Popular de la Cucaracha, surgido como iniciativa satírica y transformado en plataforma de protesta. Las manifestaciones, sostenidas durante buena parte del año y lideradas por la Generación Z, llevaron a la renuncia del ministro de Educación en julio. La campaña se ha ampliado ahora hacia la infraestructura de las escuelas rurales.

"Los niños de las zonas rurales de la India deberían recibir, como mínimo, una educación digna", declaró Abhijeet Dipke, fundador del Partido Popular de la Cucaracha, a la BBC durante una visita a una escuela cercana al distrito de Ramabai.

La escuela que visitó Dipke carecía de baños para las alumnas y utilizaba paquetes de comida caducados para preparar el almuerzo. El caso de Ranveer captó la atención de las autoridades: a comienzos de este mes, el presidente del Tribunal Supremo de India, Surya Kant, ordenó al distrito otorgarle una ayuda económica de $500. La medida no despejó las críticas de fondo sobre el funcionamiento de los programas educativos estatales.

Sukhadeo Thorat, quien presidió la Comisión de Subvenciones Universitarias de India, situó el caso como síntoma de un problema estructural. "Si una mujer se ve obligada a hacer todo lo posible por la educación de sus hijas, demuestra que los planes educativos del gobierno no se están implementando adecuadamente", señaló, y agregó que "tanto el gobierno central como los gobiernos estatales gestionan diversos programas educativos, pero su implementación no es la adecuada".

La viralización dividió las lecturas públicas. Para algunos, el logro personifica el sacrificio de una madre y hasta dónde llegan los padres para sacar a sus hijos de la pobreza; para otros, resume las fallas de un sistema que promete movilidad social sin garantizarla. La usuaria de redes sociales Shoma Sarkar resumió esa tensión al preguntar, bajo un video de la carrera: "¿Es un momento de gloria o de vergüenza para nosotros como sociedad?".

La discusión educativa se inscribe en una ola de reclamos económicos que sacude a India durante buena parte del año, un episodio de tensión social interna que se suma a otros focos que acaparan la atención informativa global, como el que ilustra Irán exige el fin del bloqueo naval de Estados Unidos para retomar negociaciones.

Para Ranveer, el debate público queda en segundo plano frente a la meta que persigue para Pooja y Arati. "No quiero que pasen por las dificultades que yo he afrontado", declaró a la BBC.

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