El Ministerio de Salud de Fiyi reconoció en 2024 que esa práctica figuraba entre los factores que impulsaban el aumento de los casos de VIH y, en enero, calificó el brote como una "crisis nacional", para lo cual anunció un programa de intercambio de jeringas y agujas como parte de su respuesta sanitaria.
El VIH se transmite por sangre contaminada, y compartir agujas ya era una práctica extendida en el archipiélago debido a las dificultades de acceso a equipo de inyección estéril. El "bluetoothing" añade un riesgo adicional: consiste en extraer sangre de alguien que ya se inyectó droga e inyectársela a otra persona para un "subidón" secundario, por lo que implica compartir directamente el fluido y no solo el instrumento.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que esta práctica genera un "riesgo excepcionalmente alto" de transmitir, además del VIH, hepatitis B y C e infecciones bacterianas graves. La pobreza aparece como uno de los factores clave detrás del fenómeno, según los trabajadores comunitarios citados por la BBC.
Kalesi Volatabu, directora ejecutiva de la organización social Drug Free Fiji, describió a la BBC el momento en que presenció la práctica por primera vez: "Había cinco o seis personas de pie alrededor, listas para recibir esa inyección".
"Y pueden estar contagiando a otras cinco personas. Así que, literalmente, solo con cinco, ya tienes de 25 a 30 personas. Y así de fácil es", explicó Kalesi Volatabu, directora ejecutiva de Drug Free Fiji.
Existe controversia sobre cuán extendida está la práctica y en qué medida puede atribuirse al deterioro de la crisis sanitaria fiyiana. Una evaluación rápida de la OMS realizada en diciembre del año pasado entrevistó a 56 personas que se inyectaban drogas: solo dos informaron haber practicado el "bluetoothing", mientras que otras cuatro dijeron haberlo presenciado directamente, según el informe del organismo.
Volatabu, sin embargo, sostuvo que ella misma se mostraba reacia a creer que la práctica fuera real hasta que la vio con sus propios ojos, y atribuyó la reticencia oficial al estigma que rodea el consumo de drogas por vía intravenosa. "Sabía que se avecinaba el tsunami. Quería evitar llegar a la situación en la que nos encontramos ahora", relató a la BBC.
La práctica también se ha documentado en países africanos como Lesoto, Zimbabue y Sudáfrica. En Lesoto, que registra la segunda tasa de prevalencia de VIH más alta del mundo según la OMS y donde el virus es la principal causa de muerte entre las mujeres, la organización Mokhosi oa Mangoana ("El llanto de una madre") trabaja con familias afectadas.
A nivel global, ONUSIDA estima que alrededor de 41 millones de personas viven con VIH, y en 2025 murieron cerca de 570,000 personas por causas relacionadas con el virus, un 73% menos que en el pico registrado en 2004, según cifras de la OMS. ONUSIDA reportó además aumentos de nuevas infecciones en tres regiones y 21 países durante 2025, entre ellos Afganistán, Kenia, Sudán, Brasil y Filipinas, en un contexto en que su directora, Winnie Byanyima, había advertido que el recorte de ayuda internacional dispuesto por el gobierno de Estados Unidos podría generar 2,000 infecciones adicionales por día y más de seis millones de muertes en los próximos cuatro años.