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Francia registra más de 1,000 institutos afectados y 1,949 detenidos en un solo día

El sindicato USL acusó al gobierno de «represión»; el ministro del Interior, Laurent Nuñez, respondió que la policía actuó «de una manera extremadamente proporcionada».

Por Redacción de El Hemiciclo·
4 min de lectura
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Una oleada de protestas estudiantiles contra el hacinamiento en las aulas y la escasez de profesores dejó en Francia más de 1,000 institutos afectados, bloqueos en 222 de ellos y cientos de detenidos durante la última semana, según el Ministerio del Interior. Solo el jueves fueron detenidas 1,949 personas y 305 agentes resultaron heridos, una jornada que el gobierno calificó de «violencia urbana» tras la paralización del transporte público en Marsella y Estrasburgo.

Las manifestaciones comenzaron la semana pasada en París y se extendieron a Dijon, Lyon, Estrasburgo, Lille y Marsella, donde los adolescentes bloquearon el acceso a sus centros durante días. El jueves, estudiantes universitarios se sumaron con reivindicaciones similares y al menos 30 universidades quedaron bloqueadas, entre ellas los campus de Rennes y París, según el mismo ministerio. El primer ministro Sébastien Lecornu convocó una reunión de crisis para abordar la situación.

Los episodios más severos se registraron en Nantes, donde los manifestantes prendieron fuego a contenedores de basura cuyas llamas se propagaron a dos institutos. El incendio del instituto Nelson Mandela, en el centro de la ciudad, alcanzó la fachada del edificio y dañó el vestíbulo de entrada. Un tercer incendio afectó a un centro educativo en Ruan, en el norte del país. En Marsella, el personal del instituto Víctor Hugo fue rociado con gasolina mientras los manifestantes llenaban recipientes con combustible.

En Auchel, también en el norte, el director del instituto Degrugillier sufrió una lesión en el oído por un fuego artificial desviado de su trayectoria. El ministro de Educación, Édouard Geffray, mencionó ese caso al hablar de los heridos y citó a un joven que perdió el uso de parte de la mano tras disparar un petardo. Geffray reconoció que algunas demandas estudiantiles son legítimas, pero expresó su preocupación por la violencia, que ha dejado decenas de heridos entre alumnos y personal docente desde el inicio de las protestas.

El malestar de fondo lo resumió Raphael, un estudiante de 17 años que participó en las protestas frente a un instituto de Estrasburgo, donde se colocaron barreras para bloquear las vías del tranvía. En entrevista con la agencia AFP describió el deterioro de las instalaciones de su centro, con goteras en algunas aulas y baños insuficientes.

"El edificio se está cayendo a pedazos, la cafetería es demasiado pequeña. No hay presupuesto, no hay recursos y no hay suficientes supervisores", afirmó Raphael, de 17 años, a la AFP.

En París, un manifestante de 16 años identificado como Diego declaró a la BBC que los estudiantes exigen aulas más seguras y cuestionó la masificación de las clases. El joven sostuvo que hace falta "mucho ruido" para lograr un cambio y afirmó que todas las escuelas francesas tendrán que manifestarse.

"No es normal que haya 40 alumnos en una clase durante dos horas. Estamos enfadados", declaró Diego, de 16 años, a la BBC.

La respuesta policial abrió un segundo frente. El presidente del sindicato de estudiantes de secundaria USL, Ryad Rani, acusó al gobierno francés de "represión" y a la policía de usar fuerza excesiva. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, respondió que la actuación policial se había llevado a cabo "de una manera extremadamente proporcionada".

Desde el terreno educativo, Laëtitia Degeuse, directora de un centro juvenil en Rennes, ofreció una lectura distinta a la organización Eurovision News Exchange y situó el reclamo estudiantil en el marco más amplio del deterioro de los servicios públicos.

"Simplemente intentan vivir y estudiar en condiciones dignas. Con toda esta violencia, ya ni siquiera podemos escuchar sus reivindicaciones, a pesar de que son totalmente legítimas", afirmó Laëtitia Degeuse, directora de un centro juvenil en Rennes.

La controversia también alcanzó al terreno partidista. Geffray acusó a La Francia Insumisa (LFI), formación de izquierda radical, de incitar a la violencia, después de que el alcalde de ese partido en el suburbio parisino de Seine-Saint-Denis, Bally Bagayoko, sugiriera que la violencia "puede ser legítima" cuando un adolescente se enfrenta a la policía antidisturbios. Bagayoko fue fotografiado el lunes bailando y cantando La Marsellesa con estudiantes frente a una escuela bloqueada en Saint-Denis, lo que llevó a la jefa conservadora de la región de Île-de-France, Valérie Pécresse, a exigirle que pagara parte de los daños.

Alumnos del instituto Paul-Éluard de Saint-Denis, donde parte de la puerta de entrada fue derribada durante los bloqueos, relataron a la radio France Inter el trato recibido por las fuerzas del orden. "Cada vez que intentamos expresarnos, nos lanzan gases lacrimógenos; no intentan entendernos", declararon. "Cuando intentamos hablar de nuestros derechos, nos lanzan gases lacrimógenos y nos golpean".

El repertorio de protesta y represión no es inédito en Francia: el movimiento de los chalecos amarillos, iniciado en noviembre de 2018 contra un alza en los impuestos a los combustibles, derivó en meses de enfrentamientos entre manifestantes y antidisturbios en París y otras ciudades, con centenares de heridos y una prolongada polémica sobre el uso de la fuerza policial. La actual movilización estudiantil reabre ese debate en torno a los servicios públicos y a los métodos de contención.

Mientras tanto, los choques continúan en distintas ciudades, con proyectiles contra la policía que responde con gases lacrimógenos y, en ocasiones, con porras. La asociación de estudiantes USL convocó una protesta nacional para el 6 de octubre.

Fuentes

  1. La Prensaprensa.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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