El relato se enmarca en una entrevista más amplia sobre la infancia del artista, que a lo largo de su carrera ha vuelto en numerosas ocasiones sobre la figura paterna como una de las claves de su formación personal. Según explicó el propio Serrat, su padre trabajaba como lampista en la antigua Catalana de Gas, la compañía que suministraba gas a Barcelona desde el siglo XIX, y poseía, en palabras del artista, una habilidad manual fuera de lo común. «La nevera de mi casa la hizo mi padre. En los años 50 construyó la primera nevera que hubo en mi escalera», relató el cantautor.
La anécdota, contada con tono desenfadado, ilustra una realidad histórica: en la España de los años cincuenta la práctica totalidad de los hogares carecía de electrodomésticos de refrigeración, y la compra de alimentos se ajustaba al consumo diario, con despensas y fresqueras como único método de conservación. La nevera doméstica no se popularizaría hasta bien entrada la década de los sesenta, coincidiendo con el desarrollismo y la progresiva llegada de electrodomésticos fabricados bajo licencia extranjera; la masificación del frigorífico eléctrico en los hogares españoles no llegaría hasta los años setenta, casi dos décadas después de que, según el relato de Serrat, su padre improvisara una solución artesanal.
El ingenio de la posguerra
El dispositivo que describe Serrat responde a la tecnología de la llamada nevera de hielo, un sistema previo a la refrigeración eléctrica empleado en bares, fondas y comercios desde finales del siglo XIX, que consistía en un armario aislado térmicamente donde se introducían bloques de hielo comprados a diario. Según el artista, su padre observó el funcionamiento de esas neveras en los bares y reprodujo el principio con materiales accesibles: «Se fijó en cómo eran las de los bares y pensó que podía hacer una parecida», explicó. El resultado, según su descripción, empleaba aislamiento de corcho en el interior, revestimiento de baldosas en el exterior y un sistema que recogía el agua del hielo derretido en un recipiente conectado a un tubo que la evacuaba mediante un grifo.
«Era mucho volumen para poca chicha, pero teníamos nevera», bromeó Serrat durante la entrevista, resumiendo la desproporción entre el tamaño del artilugio y su capacidad de almacenamiento. El presentador, Juan y Medio, reconoció no haber escuchado antes un testimonio similar. Este tipo de relatos orales aporta valor documental para reconstruir la vida cotidiana de un periodo sobre el que la historiografía dispone de abundante documentación económica e institucional, pero de menos testimonios domésticos de primera mano.
Soluciones improvisadas como la del padre de Serrat fueron habituales en la España de los años cuarenta y cincuenta, una etapa marcada por el aislamiento internacional del régimen franquista, la autarquía económica y el racionamiento, que no se levantó de forma completa hasta 1952. En ese contexto, la capacidad de reparar, reutilizar y fabricar objetos de uso cotidiano con materiales de bajo coste no era una anécdota folclórica, sino una necesidad extendida en los hogares trabajadores de las grandes ciudades, especialmente en barrios obreros como el Poble-sec.
Una figura recurrente en su memoria
Serrat, nacido en 1943 en ese mismo barrio, ha convertido en numerosas ocasiones la memoria de su padre en material biográfico. El cantautor lo definió como una persona «buena, trabajadora» y dotada de una destreza manual que abarcaba desde reparar tuberías hasta levantar tabiques, pintar estancias o arreglar cualquier aparato. «Lo que más le envidié era lo habilidoso que era. Lo hacía absolutamente todo», afirmó. Esa capacidad, señaló, se mantuvo tras la jubilación de su padre, que según su relato nunca salía de casa sin una pequeña bolsa de herramientas por si alguien necesitaba ayuda: «Si alguien necesitaba cualquier cosa, acudía a él. Siempre llevaba encima lo imprescindible y casi siempre encontraba una solución».
Josep Serrat falleció hace años, aunque el cantautor no ha precisado la fecha en sus intervenciones. Su hijo reconoció que conserva una fotografía suya en la mesilla de noche y que mantiene la costumbre de dirigirle unas palabras antes de dormir, un gesto que describe como la continuación de una conversación que, en su percepción, nunca llegó a interrumpirse del todo. Se trata de un perfil generacional reconocible en la sociología de la posguerra: personas formadas en la escasez que desarrollaron una polivalencia práctica hoy en gran medida sustituida por la especialización de oficios y el consumo de servicios técnicos.
Serrat, una de las voces más reconocidas de la canción de autor en español y catalán desde finales de los años sesenta, autor de discos de referencia como Mediterráneo (1971), recibió el Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2014. Tras anunciar en los últimos años la reducción progresiva de su actividad en directo, mantiene en 2026 una presencia pública a través de entrevistas y apariciones mediáticas, en las que la memoria familiar y la infancia de posguerra siguen ocupando un lugar central de su relato personal.
