La serpiente, originaria de Australia, Indonesia oriental, Papúa Nueva Guinea y las propias islas Salomón, arribó a Guam oculta en un cargamento llegado por barco hacia la década de 1940, según APHIS. El Servicio Geológico de Estados Unidos sitúa las primeras detecciones del reptil en la isla a principios de los años 50; hacia 1968 ya se había extendido por todo el territorio, un avance que tardó menos de dos décadas en completarse.
El impacto sobre la fauna nativa fue drástico. Un estudio publicado por la Universidad Estatal de Utah en la revista Human–Wildlife Interactions documenta que la especie exterminó a diez de las doce especies de aves forestales propias de Guam, además de varias especies de lagartos y murciélagos. La ausencia de depredadores naturales y la presencia de presas sin defensas evolutivas frente a un reptil trepador explicarían la rapidez de la extinción local.
El método de control consiste en insertar una tableta de 80 miligramos de paracetamol en la cavidad corporal de un ratón neonato previamente descongelado. La dosis resulta letal para la serpiente cuando esta consume el cebo, que se sujeta a una banderola de papel de 1,2 metros con refuerzos de cartón en los extremos. Lanzada desde un helicóptero, la banderola frena la caída del ratón y lo engancha entre las ramas, al alcance de un reptil que trepa con facilidad por troncos, cables y postes.
El cebo con 80 miligramos de paracetamol
Según un informe del Programa Estratégico de Investigación y Desarrollo Ambiental del Departamento de Defensa de Estados Unidos, el sistema se validó a razón de 36 cebos por hectárea en zonas boscosas de la isla, la tasa autorizada por la Agencia de Protección Ambiental estadounidense. Un ensayo previo de la Universidad Estatal de Utah había empleado una proporción similar, de 37,5 cebos por hectárea, en una parcela experimental de seis hectáreas de bosque.
El estudio de Utah, firmado por los investigadores Larry Clark y Peter Savarie, del Centro Nacional de Investigación sobre Fauna Silvestre, se publicó en 2012 y constituye la base técnica del método que hoy sigue desplegando APHIS. Sus resultados mostraron que la actividad de las serpientes cayó entre el 80% y el 85% hacia la tercera aplicación de cebos en la zona de prueba.
De los 80 ratones marcados para el seguimiento en aquel ensayo, 30 fueron consumidos por serpientes, y los investigadores confirmaron la muerte del reptil en todos los casos registrados. El dato apunta a una eficacia casi total del veneno una vez que el animal ingiere el cebo, aunque el reto principal del programa sigue siendo lograr que las serpientes lo encuentren y lo consuman en un entorno boscoso denso.
El informe del Departamento de Defensa, con Brian Dorr como investigador principal, determinó que siete de ocho métricas de eficacia se cumplieron o se superaron en las pruebas de despliegue. El impacto sobre especies no objetivo se mantuvo por debajo del 10%, mientras que el aumento de roedores no relacionados con el ensayo quedó por debajo del 20%, dos umbrales fijados como límite de tolerancia ambiental.
Siete de ocho métricas superadas
Esos porcentajes importan porque uno de los riesgos de cualquier cebo tóxico aéreo es que afecte a especies que no son el objetivo, desde aves rapaces hasta mamíferos carroñeros. Mantener ese impacto colateral por debajo del 10% permite justificar la continuidad del método ante la Agencia de Protección Ambiental, que es quien autoriza la tasa de dispersión por hectárea.
Más allá del daño ecológico, la serpiente trepa con frecuencia por los postes y cables eléctricos de Guam y provoca numerosos apagones cada año, según APHIS. Esa dimensión de infraestructura crítica ha convertido el control del reptil en una prioridad que combina objetivos ambientales y de servicio eléctrico, y explica en parte la continuidad del programa durante ocho décadas.
El objetivo declarado por el organismo estadounidense es doble: evitar que la especie se extienda al resto de la cuenca del Pacífico, donde otras islas carecen de defensas frente a un depredador trepador sin competencia, y proteger a las dos especies de aves forestales nativas que sobrevivieron a la invasión original. La pérdida de diez de doce especies deja un margen muy estrecho para el error en la conservación de lo que queda.
El tráfico militar y comercial entre las islas del Pacífico tras la Segunda Guerra Mundial, con Guam como base logística estadounidense, facilitó la entrada de especies no autóctonas sin los controles de cuarentena vigentes hoy. Ocho décadas después, ese mismo estatus de territorio estadounidense en el Pacífico sostiene la financiación continuada de un programa que combina biología, química y logística aérea.
El caso se suma a otros episodios en los que la fauna invasora o el manejo animal terminan en litigios y programas de control con años de recorrido, como el de un granjero neerlandés condenado en Ohio por un vertido que mató a 2.160 animales acuáticos, aunque en Guam el actor no es un particular sancionado sino una agencia federal.
APHIS mantiene el despliegue de cebos de ratones con paracetamol junto con el trampeo convencional y las unidades de perros detectores como las tres líneas activas del programa, según su propia descripción del dispositivo en la isla.


