«No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos, debemos estar con ellos y amarlos como Dios nos los ha entregado», escribe Goethe en boca de la madre de Hermann.
La frase surge de un conflicto doméstico que el poema describe con detalle. El padre de Hermann lamenta que su hijo no cumpla sus expectativas y expresa el deseo de que viaje, conozca otras ciudades y regrese convertido en alguien capaz de mejorar su comunidad. La madre rechaza ese planteamiento porque considera que ignora quién es realmente el muchacho y lo defiende con rotundidad: «No podemos modelar a nuestros hijos según nuestros deseos».
Según el relato de Goethe, la madre sostiene que en Hermann existen cualidades que el padre no valora por compararlo con una imagen idealizada que nunca llegó a corresponderse con la realidad. El poema añade, en los versos posteriores, una idea complementaria: cada hijo posee dones distintos y la tarea de los padres consiste en reconocerlos, no en imponer un molde previo.
La madre va más allá y señala un efecto concreto de la presión constante: las críticas diarias debilitan el ánimo del hijo. El pasaje combina así tres elementos que el poema entrelaza de forma explícita —afecto, confianza y responsabilidad educativa— sin que ninguno sustituya a los otros dos.
Johann Wolfgang von Goethe nació en Fráncfort el 28 de agosto de 1749 y estudió Derecho en Leipzig y Estrasburgo antes de orientar su carrera hacia la literatura, el teatro y la investigación científica. En 1774 alcanzó proyección internacional con 'Las penas del joven Werther' y, un año después, se instaló en Weimar, donde combinó la escritura con responsabilidades públicas y entabló una relación intelectual decisiva con Friedrich Schiller, pilar del clasicismo de Weimar.
Entre sus obras mayores figuran 'Fausto' y el propio 'Hermann y Dorotea', de 1797, además de trabajos sobre botánica y una teoría de los colores. Goethe murió en Weimar el 22 de marzo de 1832, dejando una obra que combina poesía, narrativa y pensamiento sobre la naturaleza humana.
Más allá del contexto literario del siglo XVIII, la cita ha sido retomada como punto de partida para pensar decisiones cotidianas sobre la educación de los hijos, como la elección de actividades extraescolares. La clave estaría en distinguir entre una dificultad que requiere apoyo —una asignatura que cuesta— y una preferencia distinta de la de los padres, como una afición que no coincide con sus propios gustos.
Esa lectura subraya que ningún acierto en la elección de actividades sustituye el tiempo compartido con el hijo, ya sea en el fútbol, la música o el ajedrez. El texto de Goethe se emplea así como punto de apoyo para una reflexión contemporánea, una vía de acercamiento a los clásicos que la actualidad cultural mantiene viva, como el reciente hallazgo en Grecia de un complejo educativo del siglo IV a.C. vinculado a Aristóteles.

