«Nadie aguanta más a los jueces de Lula en el Supremo perjudicando a Brasil, obstaculizando nuestra democracia», declaró Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal.
La frase alude directamente a la disputa que enfrenta a los propios integrantes del STF sobre si abrir diligencias contra Moraes, magistrado cuyo nombre ha vuelto al centro del debate público por su presunta vinculación con Daniel Vorcaro, exdirectivo del Banco Master y hoy detenido por corrupción. La entidad está investigada por un presunto desvío de fondos que rondaría los 6.600 millones de euros, un caso que ha reavivado las críticas de la oposición sobre el papel de la corte.
Moraes es la figura judicial que más peso ha tenido en los procesos contra la familia Bolsonaro en los últimos años. Encabezó el juicio contra el expresidente Jair Bolsonaro por un presunto intento de golpe de Estado, causa que hoy lo mantiene en prisión cumpliendo una condena superior a los 27 años.
Flávio Bolsonaro vinculó explícitamente su promesa de reforma judicial al resultado electoral, presentando la continuidad de Lula en el poder como una prolongación del statu quo dentro del Supremo.
«Ahí ya no veremos más este espectáculo de intentar proteger a Alexandre de Moraes. Hoy, quien vota por Lula está votando por Alexandre de Moraes, pero esto tiene día y hora para acabar, que será a partir del año que viene», expresó el candidato del PL.
La composición del STF, con once magistrados nombrados por el presidente de turno y ratificados por el Senado, ha sido objeto de disputa política recurrente desde la Constitución de 1988, que otorgó a la corte amplias competencias de control constitucional. El pulso actual sobre el papel de Moraes se inscribe en esa tensión histórica entre el Ejecutivo y un tribunal con capacidad de intervenir en procesos electorales y penales de alto perfil.
Bolsonaro lanza esta ofensiva en un momento de fortaleza en los sondeos: según encuestas recientes, se impondría a Lula por un margen de dos puntos en una hipotética segunda vuelta de los comicios previstos para el año que viene. El pulso brasileño sobre el papel de la Justicia coincide con otros debates internacionales sobre el control democrático de instituciones con enorme poder, como el que plantea Michael Ignatieff sobre la regulación global de la inteligencia artificial.
El resultado final de las elecciones brasileñas determinará si la promesa de reforma judicial del candidato del PL llega a materializarse.


