La cifra acompaña una ofensiva institucional para proyectar el arte coreano, histórico y contemporáneo, en el circuito museístico y comercial internacional, en un momento en que la cultura surcoreana —del cine al K-pop— ocupa ya un lugar consolidado en el consumo global. El propio tirón de audiencias, con contenidos como la serie 'Medusa' encadenando semanas en el top de Netflix, ilustra esa proyección.
El Museo Británico acogió 'Korea', el recorrido cronológico de arte y artesanía coreana más amplio exhibido en Europa en más de cuatro décadas. La exposición, impulsada por el NMK junto con el Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Seúl, reunió piezas procedentes en parte de la colección del fallecido presidente de Samsung, Lee Kun-hee, y supuso una colaboración sin precedentes entre ambas instituciones coreanas.
La elección de la institución londinense no es casual: es el museo que marca el canon para el coleccionista europeo y el punto de entrada habitual para cualquier casa de subastas interesada en construir un catálogo de arte coreano. El director del NMK, el historiador del arte Yoo Hong-jun, ha sostenido que los espacios dedicados a Corea en los grandes museos internacionales no reflejan la magnitud real de la producción artística del país.
El museo ha convertido su programación en un mecanismo de visitas recurrentes: rotación trimestral obligatoria de obras históricas en la galería de caligrafía y pintura, concursos de cosplay inspirados en piezas de la colección y una embajaduría global encarnada por RM, líder de BTS, nombrado el pasado junio, que además donó 100 millones de wones —unos 66.000 euros— para adquisiciones del museo.
Dentro de ese impulso conviven dos mercados. Uno es el arte coreano histórico y tradicional —cerámica baekja, pintura de la dinastía Joseon, laca y mobiliario—, sobre el que trabajó la muestra del Museo Británico. El otro es el arte contemporáneo coreano, que ya circula con precios de mercado global. El primero carece todavía de una serie pública de índices de precios comparable a la de otros mercados asiáticos consolidados, lo que obliga a una valoración caso por caso basada en el criterio experto y no en transacciones públicas verificables.
Esa ausencia de referencia de precios es el punto que la estrategia del NMK pretende corregir: una exposición en el Museo Británico no altera precios de forma inmediata, pero construye categoría, genera catálogo y bibliografía en inglés y sostiene después la tasación de las piezas. Yoo Hong-jun busca además un editor europeo para una historia del arte coreano, un gesto orientado a crear la infraestructura documental que hoy respalda la pintura china.
El precedente del arte japonés
El recorrido recuerda al del arte japonés de posguerra en los años ochenta y noventa, que pasó primero por la presencia museística, después por el catálogo y finalmente por el mercado secundario. El arte contemporáneo chino repitió la secuencia con un ciclo de euforia y una corrección posterior severa. El caso coreano presenta una diferencia: una demanda interna sostenida por los 14 millones de visitas a su red de museos nacionales, lo que daría suelo a los precios en la franja media, aunque limitaría el recorrido especulativo de las piezas más comerciales.
El NMK prepara para 2027 una exposición centrada en las raíces de la cultura coreana, a la que seguirán nuevas giras internacionales. El recorrido de la categoría en los mercados dependerá menos de las subastas de arte contemporáneo de Londres o Hong Kong que de las ventas especializadas en arte asiático que las casas celebran cada temporada, donde se comprobará si el fenómeno expositivo empieza a traducirse en precios de martillo comparables.

