No existe por ahora confirmación pública de que se trate de peste neumónica. La OMS ha explicado que Rusia no había notificado casos recientes de peste en la región y que ha solicitado detalles sobre las pruebas de laboratorio, el estado de los contactos y la lógica sanitaria detrás de la cuarentena. También está pendiente de verificar una información sobre una segunda persona con neumonía, según ha trasladado la propia organización.
De la Fuente, formado en la Universidad de León y doctorado en Microbiología e Inmunología por la University of British Columbia, dirige en Pensilvania un laboratorio centrado en la resistencia a los antibióticos, una de las amenazas que la medicina moderna sitúa entre las prioritarias. Su equipo ha desarrollado ApexGO, una inteligencia artificial generativa capaz de diseñar y optimizar antibióticos en cuestión de horas. Con 36 años, fue elegido por el MIT entre los diez científicos más innovadores del mundo en ciencias de la vida.
El hecho de que la investigadora fallecida trabajara en un instituto dedicado al estudio de estos patógenos obliga, según el biotecnólogo, a investigar una posible exposición laboral, aunque advierte de que ese dato por sí solo no permite establecer la causa de la enfermedad. Ni el lugar de trabajo ni la intensidad de la respuesta sanitaria bastan como prueba: hacen falta, insiste, resultados de laboratorio y datos epidemiológicos verificables.
Preguntado por si la profilaxis antibiótica debería haber controlado la situación en caso de tratarse de peste pulmonar, recuerda que los antibióticos administrados a tiempo son eficaces contra esta bacteria y que la profilaxis de contactos expuestos constituye una herramienta fundamental. Distingue, no obstante, entre prevenir la enfermedad en una persona expuesta y tratar una infección ya avanzada, dado que la peste neumónica puede evolucionar con rapidez y resultar mortal si el tratamiento se retrasa, incluso sin resistencia a los fármacos.
El especialista rechaza que una eventual resistencia a algún antibiótico implicara manipulación genética, ya que se han descrito resistencias naturales en Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste, aunque son muy infrecuentes. Una afirmación de esa gravedad, señala, exigiría pruebas específicas y una investigación rigurosa que hoy no existe públicamente.
«No hay una base científica suficiente para sostener que se trate de un patógeno manipulado», César de la Fuente, investigador en la Universidad de Pensilvania.
Un patógeno que sigue circulando
La peste no está erradicada: persiste en reservorios animales, sobre todo pequeños mamíferos, y en las pulgas que los parasitan. En los últimos años, la mayoría de los casos humanos notificados a la OMS se han concentrado en Madagascar y la República Democrática del Congo. Existen razones médicas claras para seguir estudiándola, desde la mejora de pruebas diagnósticas hasta el desarrollo de vacunas, además de investigación de protección frente a posibles usos deliberados dado su historial como agente biológico, un contexto que, aclara De la Fuente, no permite atribuir finalidad militar a este episodio concreto. La peste bubónica causó en el siglo XIV la Peste Negra, que diezmó a buena parte de la población europea.
Sobre la ausencia de resultados públicos de la secuenciación del patógeno, el investigador evita atribuirla a una intención concreta y recuerda que antes habría que confirmar si existe una secuenciación completada y validada. El acceso a los datos de laboratorio es también el núcleo de otras discusiones científicas recientes, como la documentación de tuberías de plomo en un acueducto de Petra a partir de análisis verificables.
«Creo que es fundamental compartir cuanto antes los resultados disponibles», César de la Fuente, investigador en la Universidad de Pensilvania.