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La UPM asocia el ejercicio en el embarazo con un menor IMC del bebé a los 12 meses

Rubén Barakat, investigador del INEF-UPM: «Uno de los hallazgos más novedosos se ha observado precisamente después del nacimiento»

Por Redacción de El Hemiciclo·
2 min de lectura
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Tres estudios de la Red de Investigación Gestactiva, coordinada desde la Universidad Politécnica de Madrid, relacionan el ejercicio físico supervisado durante el embarazo con un mejor crecimiento fetal, parámetros neurológicos neonatales más favorables y un índice de masa corporal más bajo en los bebés a los 12 meses de vida, según ha recogido la propia universidad. Los trabajos se han publicado en tres revistas científicas internacionales.

La pregunta de partida que los investigadores se plantearon fue si lo que ocurre durante la gestación deja huella en la salud del niño mucho después del parto. Los resultados, según la UPM, se enmarcan en el campo de la programación fetal y conectan con la teoría de los Developmental Origins of Health and Disease (DOHaD), que estudia cómo ciertas exposiciones en etapas críticas del desarrollo condicionan trayectorias de salud posteriores.

Uno de los trabajos, publicado en Frontiers in Global Women's Health, hizo seguimiento de los niños al mes y a los 2, 4, 6 y 12 meses. Durante el primer semestre las trayectorias de IMC fueron similares entre los grupos, pero a los 12 meses los hijos de las mujeres que habían participado adecuadamente en el programa de ejercicio presentaron un IMC medio inferior: 16,49 frente a 17,10 kg/m² en el grupo de control, según el análisis por protocolo.

«Uno de los hallazgos más novedosos se ha observado precisamente después del nacimiento», ha explicado Rubén Barakat, investigador del INEF-UPM y coautor de los trabajos.

Un segundo estudio, publicado en Medicine & Science in Sports & Exercise, analizó los efectos de un programa de ejercicio prenatal de intensidad moderada iniciado hacia la semana 11 de gestación y mantenido hasta el parto, con un modelo híbrido de una sesión presencial semanal en el hospital y dos sesiones online. Entre las participantes del análisis por protocolo no se registraron casos de macrosomía fetal —definida en el estudio como un peso al nacer superior a 4.000 gramos— en el grupo que hizo ejercicio, frente a una incidencia del 7,3% en el grupo con atención obstétrica habitual.

«Los resultados refuerzan la hipótesis de que un programa prenatal estructurado puede contribuir a favorecer un crecimiento fetal adecuado y muestran, además, la posibilidad de combinar sesiones presenciales y online para facilitar el acceso a programas de ejercicio supervisado durante el embarazo», ha señalado Rubén Barakat.

La tercera investigación, recogida en Journal of Physical Activity and Health, comparó programas de ejercicio aeróbico, de fuerza y combinado frente a un grupo de control, y estudió su relación con parámetros de la evaluación neurológica del recién nacido. Los resultados mostraron diferencias favorables en el reflejo de tracción neonatal en el grupo que realizó ejercicio combinado respecto al de control, un hallazgo que los propios autores califican de específico y que, aseguran, requiere seguir estudiándose «con mucha rigurosidad y cautela».

Los investigadores subrayan que este tipo de resultados amplía el interés por analizar los efectos del ejercicio materno no solo sobre el crecimiento, sino también sobre aspectos funcionales del recién nacido. En todos los casos, la UPM insiste en que el ejercicio debe practicarse de forma controlada y supervisada durante la gestación, con beneficios que los autores atribuyen también a la propia madre. La precaución es habitual en este campo: líneas de trabajo próximas, como las que exploran si la saliva predice el riesgo de ansiedad en tratamientos de fertilidad, avanzan con cautela ante resultados preliminares.

Entre las líneas de investigación futuras, los expertos de la Red Gestactiva señalan como «especialmente interesante» estudiar si el ejercicio materno puede modificar determinados procesos biológicos durante el desarrollo fetal, incluidos posibles mecanismos metabólicos, placentarios, moleculares y epigenéticos que expliquen las diferencias observadas entre grupos.

Fuentes

  1. OKDiariookdiario.com

Material del que parte esta pieza. El texto es propio; los enlaces llevan al original.

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