El relato oficial de contención choca con lo que describen los efectivos militares desplegados en la frontera. Según ha trascendido, esas unidades operan bajo instrucciones de no intervenir directamente salvo en casos extremos, una directriz que estaría generando tensión interna entre quienes cubren el perímetro ceutí.
"La orden de no hacer nada lleva a muchos al límite, están respondiendo a ataques", relató un militar desplegado en Ceuta.
La filiación de menores no acompañados es uno de los procedimientos administrativos más delicados en este tipo de crisis, porque determina la responsabilidad tutelar del Estado sobre esos jóvenes conforme a la Ley Orgánica de Protección Jurídica del Menor. El registro de 2.400 filiaciones que reivindica el Gobierno se produce en paralelo a un flujo de llegadas que, según las mismas fuentes, no ha cesado en las últimas semanas.
Las repatriaciones de los 7.000 inmigrantes que el Ejecutivo dice haber devuelto tampoco parecen haber aliviado la presión sobre una ciudad de poco más de 80.000 habitantes y apenas 19 kilómetros cuadrados. Ceuta ya vivió un episodio comparable en mayo de 2021, cuando alrededor de 10.000 personas cruzaron la frontera en cuestión de horas al relajar Marruecos sus controles, en plena crisis diplomática con España por la acogida del líder del Frente Polisario.
El hallazgo constante de refugios improvisados en distintos puntos de la ciudad apunta a que buena parte de los inmigrantes que permanecen en territorio español no han sido identificados ni canalizados hacia los dispositivos de acogida. Esa dispersión complica la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y del Ejército, cuya intervención en fronteras exteriores como Ceuta y Melilla se rige por protocolos de apoyo a la Guardia Civil que limitan su capacidad de actuación autónoma.
El informe estratégico de Defensa de este año ya alertó del uso de los flujos migratorios como herramienta de presión política por parte de Marruecos, según el documento elaborado por el ministerio que dirige Margarita Robles. Esa lectura añade complejidad a una gestión fronteriza donde la coordinación con las autoridades marroquíes resulta determinante para contener o facilitar los cruces.
La saturación se produce en un momento de tensión política más amplia sobre la política migratoria del Ejecutivo, cuestión que el presidente Pedro Sánchez abordó recientemente al referirse en Harvard a los ataques de la oposición, según recogió su intervención ante estudiantes. En Ceuta, sin embargo, el pulso se dirime sobre el terreno, con unidades militares operando bajo una directriz de no intervención que sus propios integrantes describen como insostenible.


