Eva, una de las protagonistas de un reportaje emitido este domingo por LaSexta, paga 500 euros al mes por una habitación con una cama encajada bajo el techo y un baño inutilizado desde hace semanas por una fuga y problemas de humedad. «No puedo dormir aquí ni habitar, ni respirar», denunció la inquilina, que comparte piso con otras tres personas y que, ante la falta de respuesta del propietario, asegura haber dormido en un colchón en el salón. El conflicto ha derivado en acciones legales.
Los cuatro inquilinos de esa vivienda pagan en conjunto cerca de 2.000 euros mensuales, una cifra muy superior a la que generaría el mismo inmueble alquilado como unidad a una sola familia. La fórmula —dividir un piso completo en habitaciones individuales para multiplicar el ingreso total del propietario— no es nueva, pero se ha intensificado al calor del desajuste entre precios y salarios que describen los datos del mercado.
La aritmética explica el atractivo: con la habitación a 425 euros y el piso de un dormitorio a 984 según Idealista, vivir solo cuesta un 132% más que compartir. La consecuencia es que la habitación deja de ser una solución transitoria para estudiantes o trabajadores temporales y se convierte en vivienda permanente para quienes no pueden asumir el coste de un alquiler completo, españoles y extranjeros con rentas bajas por igual.
Ledis, la otra protagonista del reportaje, trabaja cuidando a una persona mayor y cobra el salario mínimo interprofesional, fijado en 1.184 euros mensuales en catorce pagas desde 2025 según el Boletín Oficial del Estado. Pagar 600 euros por una habitación le deja apenas entre 300 y 400 euros para el resto de sus gastos, un margen que ilustra hasta qué punto el coste de la vivienda condiciona la renta disponible de los trabajadores con salarios más bajos.
Sobre esta transformación puso el foco Carlos H. Quero, que la definió en redes sociales como «chabolismo vertical»: «España es ya un gran piso patera en el que el estándar de vida ya no es la casa entera sino la habitación». El diputado describió así el reparto de los espacios comunes del inmueble: «Todo lo demás a compartir: vitrocerámica, nevera, sofá y ducha».
Quero atribuyó el fenómeno a la llegada de población extranjera en los últimos años y lo resumió en otro mensaje: «Cuatro familias extranjeras donde antes vivía una española. Cada una paga menos, juntas pagan mucho más. Y alguien se forra». El diputado vinculó directamente el reparto por habitaciones con la composición demográfica de los nuevos inquilinos y señaló como causa «la inmigración masiva».
«Cinco millones en cinco años, mientras se hacían menos de 100.000 casas al año, es un negociazo y una herramienta de primera para degradar condiciones habitacionales hasta niveles desconocidos en Europa», Carlos H. Quero, portavoz nacional de Vivienda de VOX.
El desajuste entre oferta y salarios
El planteamiento de Quero atribuye el encarecimiento a un único factor, el flujo migratorio. Los datos de Idealista, en cambio, describen un desajuste estructural entre oferta y demanda que afecta a todos los inquilinos con rentas bajas: el encarecimiento del alquiler y la escasez de obra nueva son fenómenos que el Banco de España viene documentando desde hace varios ejercicios, con independencia de la composición demográfica de quienes ocupan las viviendas.
La escalada del alquiler se produce además en un contexto de inflación elevada: la OCDE prevé que España cierre 2026 con una inflación del 3,7%, la tercera cifra más alta del siglo, lo que erosiona la capacidad adquisitiva de los hogares con rentas bajas y acentúa la presión sobre quienes destinan la mayor parte de su salario a pagar una habitación.
El mercado inmobiliario atraviesa un momento de reajuste normativo. Los decretos de vivienda aprobados en los últimos meses han generado efectos colaterales sobre otros segmentos del sector, como refleja que los decretos de vivienda restarían 10 millones a las SOCIMIs del Mercado Continuo. El fenómeno coincide también con un repunte de la protesta social: en distintas ciudades españolas se han registrado convocatorias que reclaman, entre otras medidas, una huelga general vinculada al precio del alquiler.
La Ley de 2023 no regula la habitación
La Ley de Vivienda de 2023 introdujo mecanismos como la declaración de zonas tensionadas y límites a la actualización de rentas, pero no regula de forma específica el alquiler por habitaciones. Esa modalidad queda al margen de buena parte de las garantías previstas para el arrendamiento de vivienda habitual completa, lo que sitúa a inquilinos como Eva en una posición de menor protección jurídica frente al propietario, especialmente en disputas sobre el mantenimiento del inmueble o la habitabilidad de los espacios comunes, como el baño inutilizado que describe.
El antecedente del fenómeno no es inédito: el chabolismo vertical y el hacinamiento en pisos compartidos marcaron las grandes ciudades españolas durante el éxodo rural de los años sesenta y volvieron a visibilizarse con la burbuja inmobiliaria de la década de 2000, cuando el realquiler de habitaciones a trabajadores recién llegados se extendió en barrios de Madrid y Barcelona antes del estallido de 2008.
El desajuste de fondo persiste mientras el parque de vivienda español no absorbe el crecimiento demográfico de los últimos años. Con menos de 100.000 viviendas edificadas al año, según la cifra que cita el propio Quero, el testimonio de Eva resume la factura de ese desfase: cerca de 2.000 euros mensuales por un piso troceado en el que, según denuncia, no puede «ni dormir, ni habitar, ni respirar».


