Las imágenes de videovigilancia registraron la entrada y salida del presunto agresor en la clínica Cirumed, situada en la urbanización Panorama de Marbella, momentos antes y después del ataque. El hombre, de 18 años y nacido en Suecia, vestía ropa oscura y llevaba el rostro cubierto, lo que dificultó su identificación visual directa. Tras el crimen huyó en una motocicleta con la que había llegado al centro, circulando por calles secundarias de la parte trasera de la clínica para evitar las cámaras de la autovía.
Los investigadores de la Brigada de Policía Judicial de Málaga manejaron desde el primer momento la hipótesis de que el presunto autor se hubiera refugiado en un alojamiento turístico para dificultar su rastreo. La pesquisa condujo a los agentes hasta un piso de Benalmádena, donde el sospechoso fue sorprendido cuando se preparaba para salir del país.
Trasladado a dependencias de la Jefatura Superior de Policía Nacional de Málaga, el detenido se ha negado a declarar ante los agentes. La investigación continúa ahora centrada en la localización del arma empleada en el crimen, que no ha sido hallada.
Una disputa por 16.000 euros
La principal hipótesis policial sitúa el origen del crimen en un conflicto económico entre el cirujano y una clienta de nacionalidad árabe. Según fuentes judiciales citadas en la investigación, el precio de una intervención de aumento de glúteos rondaba los 40.000 euros, de los que la clienta habría entregado un anticipo de alrededor de 16.000 euros antes de arrepentirse y reclamar su devolución.
Aslani, considerado uno de los profesionales de referencia en este tipo de cirugías en Marbella, se negó a devolver la cantidad entregada, lo que derivó en un enfrentamiento con la mujer y su marido, descritos por las fuentes del caso como una pareja acomodada procedente de un país del golfo Pérsico. Las protestas iniciales escalaron a amenazas directas contra el cirujano en las semanas previas al asesinato.
La investigación apunta a que la pareja habría contactado con estructuras del crimen organizado para contratar a un sicario que viajara desde Suecia hasta la Costa del Sol y ejecutara al cirujano. Fuentes del caso calculan que el precio pactado rondaría los 12.000 euros, una cifra que coincide con las tarifas habituales de otros asesinatos por encargo atribuidos a sicarios suecos en la zona en los últimos años.
El asesinato por encargo no es nuevo en la Costa del Sol: la zona lleva más de una década registrando ajustes de cuentas vinculados al crimen organizado internacional, con autores desplazados desde el norte de Europa. La Audiencia Nacional mantiene abiertos otros expedientes de alcance internacional en el ámbito penal, como el que afecta al empresario reclamado por Myanmar que sigue en prisión.
El detenido permanece a disposición policial como investigado mientras avanza la instrucción. La Policía centra sus esfuerzos en hallar el arma del crimen y en esclarecer la participación de la pareja señalada como autora del encargo.