El episodio se produjo durante una jornada en el patio del centro. Según los hechos declarados, el menor llenó una botella de plástico con orina y vació su contenido sobre una educadora. Cuando el personal de seguridad acudió para controlar la situación, golpeó a los trabajadores que intentaban reducirlo, sin mostrar ningún signo de arrepentimiento posterior.
El paso del joven por Es Pinaret estuvo marcado por una conflictividad sostenida que afectó a los profesionales del centro y a otros internos. A lo largo de su estancia agredió a más de una decena de vigilantes, educadores y miembros de la dirección, generando un clima de tensión permanente en las instalaciones.
Esa tensión llegó a tal extremo que una de las responsables del centro, atemorizada por su comportamiento, optó en alguna ocasión por regalarle una caja de bombones con la intención de evitar nuevos episodios de violencia, un gesto que ilustra el nivel de miedo entre el personal mallorquín.
La gravedad y la reiteración de los incidentes llevó finalmente a las autoridades a trasladarlo a un centro de internamiento de menores en Almería, lejos de Mallorca. La medida puso fin a su etapa en Es Pinaret, aunque los hechos cometidos durante aquellos años siguieron teniendo recorrido en los tribunales.
Ya con 18 años, el joven ha comparecido ante la Justicia por el lanzamiento de la botella y la posterior agresión al personal de seguridad. La condena de algo más de un año de prisión no se traducirá en su ingreso en un centro penitenciario ordinario para adultos: al tratarse de hechos cometidos siendo menor de edad, se aplica la Ley Orgánica 5/2000 reguladora de la responsabilidad penal de los menores, que prevé medidas de internamiento en centros específicos y no penas en prisiones comunes.
La situación de los centros de internamiento de menores con perfiles de alta conflictividad se enmarca en un debate más amplio sobre la gestión de los servicios públicos en España, en paralelo a episodios como el que ha reabierto el accidente de Urda sobre el mantenimiento ferroviario.
Para los trabajadores de Es Pinaret que convivieron con aquellos episodios, la resolución judicial cierra un capítulo especialmente duro de su trayectoria profesional, marcado por la reiteración de agresiones físicas en un entorno donde la contención y la seguridad del personal figuran entre los objetivos centrales de estos dispositivos de internamiento.
